La parcialidad de un Eclipse Total

Nota Editorial

Agosto, 2026

 

 

 

La inauguración del Museo Tamayo Arte Contemporáneo en 1981 estableció un nodo fundamental dentro del ecosistema artístico mexicano en una década que estuvo marcada por la nacionalización de la banca, una profunda crisis económica, seguidas por el escandaloso fraude electoral en 1988 cuando el entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, encubre la estafa bajo la famosa "caída del sistema". Sin olvidar el impacto devastador provocado por el terremoto de 1985.

 

Bajo este panorama, el Museo Tamayo se establece como una alternativa para reevaluar, a través del arte, las cambiantes tensiones entre las narrativas sancionadas por el Estado y las florecientes perspectivas que se presentaban en medio de todas estas fisuras históricas.

De esta manera, el Tamayo logra posicionarse de manera lateral entre los marcos institucionales, mayoritariamente controlados por el Estado, y que históricamente habían favorecido a la pintura tradicional y al muralismo; el museo adoptó una postura curatorial que abrazó una naciente posmodernidad, tratando los momentos artísticos anteriores no como historias estancadas, sino como capas narrativas que debían ser excavadas y recontextualizadas.

 

Este entorno es el que enmarca la exposición Ante el eclipse. Arqueologías del arte en México, que está compuesta de la obra de más de 60 artistas mexicanos y extranjeros que vivieron en la Ciudad de México entre 1981, año de la apertura del Museo Tamayo, y 1991, año del fallecimiento de Rufino Tamayo y del eclipse total de sol que pudimos ver en directo desde nuestra ciudad capital.

 

La exposición es sin duda disfrutable, sin atiborramientos y con una museografía bastante pulcra y armoniosa; sin embargo, como suele suceder con muestras multitudinarias y que abarcan un amplio espectro de obras y artistas, hay brutales ausencias y piezas que no acabamos de entender por qué las incluyeron. Entre estas, la que más llamó mi atención, es un cuadro pequeñísimo de José María Velasco... precioso sí, pero ¿Velasco? No queda claro (al menos para esta observadora) cuál fue la narrativa que hizo el incluir la obra de un pintor que murió casi 80 años antes del discurso curatorial de esta muestra.

 

Es cierto que es imposible incluir a todos, pero entre las omisiones notables es la de los grupos y colectivos que, justamente en la década de los 80, tuvieron un enorme auge que se venía gestando desde años atrás. La pregunta se hace más densa cuando encontramos que sí incluyeron a un grupo, Concreto 19 integrado por alumnos de la escuela La Esmeralda que, paradójicamente, se forma en el año 1990, casi al final del periodo que abarca la exposición. Pero dejaron fuera a colectivos que tuvieron una relevancia e impacto fundamental en el arte mexicano de esa década, tales como Proceso Pentágono (activo de 1976 a 1985), Grupo Suma (activo de 1976 a 1982), Polvo de Gallina Negra (activo de 1983 a 1993) No Grupo (activo de 1977 a 1983), Grupo Mira (activo de 1965 a 1982), solo por mencionar a un puñado de las decenas de colectivos activos en esos momentos.* Del mismo modo en el terreno de la fotografía, encontramos a Lourdes Grobet, pero dejaron fuera a Graciela Iturbide (¿cómo por qué?).

 

 

 

 

Me parece que este eclipse metafórico alude al cuestionamiento de lo que estaba sucediendo en el territorio artístico del aquel entonces Distrito Federal, hace más de 30 años. En este sentido, la exposición responde dignamente como un espacio de intersección discursivo y un acercamiento para las nuevas generaciones de las narrativas históricas que se gestaron en un periodo de enormes conflictos políticos.

Personalmente me alegró profundamente ver obras de artistas entrañables, como Sarah Minter, Rosario García Crespo, Jimmie Durham y Marcos Kurtycz, pero de nueva cuenta, por qué no encontré a Antonio Gritón, a Eloy Tarcisio, a Dulce María Núñez, Gerda Gruber, Magali Lara, Nahum B. Zenil o Julio Galán... quizá no vivían el la Ciudad de México en ese entonces, quizá su obra no cuadraba con el discurso curatorial, quizá no consiguieron obras de estos artistas o quizá el espacio que les concedió el Museo Tamayo no fue lo suficientemente grande para incluir las obras que realmente necesitaba esta exposición para ser deslumbrante.

 

Lo cierto es que es una exposición que debe visitarse y tienen la oportunidad de hacerlo hasta el 18 de octubre que permanecerá abierta.

Y esperamos que puedan compartirnos sus opiniones, incluyendo qué artista consideran que faltó o sobró en esta exposición.

 

 

 

Artistas participantes: Eduardo Abaroa, Carlos Aguirre, Javier Álvarez, Maria Thereza Alves, Francis Alÿs, Yolanda Andrade, Carlos Arias, José Bedia, James H.D. Brown, Enrique Cantú, Mónica Castillo, Enrique Cava, Christa Cowrie, Armando Cristeto, Abraham Cruzvillegas, Rogelio Cuellar, Jimmie Durham, Iván Edeza, Felipe Ehrenberg, Juan Francisco Elso, Helen Escobedo, Beatriz Ezban, Claudia Fernández, Francisco "Taka" Fernández, Andrea Ferreyra, Rosario García Crespo, Thomas Glassford, Lourdes Grobet, Silvia Gruner, Ángela Gurría, Juan José Gurrola, Yolanda Gutiérrez, Jan Hendrix, Estela Hussong, Cisco Jiménez, Marcos Kurtycz, Magali Lara, Mauricio Maillé, Sarah Minter, Damián Ortega, Gabriela Ortiz Torres, Rubén Ortiz Torres, Adolfo Patiño, Néstor Quiñones, Mario Rangel Faz, Adolfo Riestra, Carla Rippey, Gregorio Rocha, Manuel Rocha, Mauricio Rocha, Ulf Rollof, Guillermo Santamarina, Bob Schalkwijk, Melanie Smith, Gerardo Suter, Rufino Tamayo, Diego Toledo, Laureana Toledo, Roberto Turnbull, Antonio Turok, Eugenia Vargas, José María Velasco, Germán Venegas, Boris Viskin, Gerda Warnholtz, Mariana Yampolsky, 19 Concreto , Colección filatélica Jorge Sánchez.

 

* Basta revisar la reseña de la reciente muestra en el MUAC dedicada a los grupos y colectivos titulada: Los grupos y otras revueltas artísticas. Redes y colectividades en México, 1976-1985.

 




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