
Eduardo Mendoza es un escritor nacido en Cataluña en el año 1943, justo en el periodo de la postguerra; sobrevivió su juventud en medio de la dictadura franquista, época plagada de prohibiciones y censuras, además de ser un periodo de enorme pobreza y represalias contra los derrotados republicanos. Mendoza ha vivido por diferentes etapas de España: empezando por el periodo que siguió a la guerra civil española, de 1936-1939, la dictadura de Franco, la etapa de transición democrática y la España actual. Es indudable la influencia de todas estas transiciones políticas y sociales en las temáticas y tramas de sus novelas.
Se licenció en Derecho en 1965 en la Universidad Autónoma de Barcelona, después de viajar por Europa, se traslada a Nueva York para trabajar como traductor de la ONU y en 1975 publica su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta, que lo lanzó de inmediato a la fama y ha sido considerada como la primera novela de la transición democrática; su título original era Los soldados de Cataluña, pero fue advertido sobre la problemática que causaría con el régimen franquista, y decide entonces cambiar el título. Fue llevada al cine en 1980 por Antonio Drove.
El uso del humor delirante en sus novelas ha sido una de las aportaciones más significativas de este autor a la narrativa española reciente. Esta ironía de raíz inglesa, como él mismo la define, reivindica el estilo de la parodia en la novela contemporánea y lo acerca a ese estilo travieso de la novela clásica española. El humor de Mendoza bebe de la novela picaresca española y de los escritores franceses del siglo XVIII, con Cervantes como origen inevitable. Sin renunciar a la tradición, el escritor se distancia del dramatismo solemne que dominó buena parte de la literatura del siglo XIX y recuerda que, en España, el humor se refugió durante décadas en el teatro, en las comedias de Mihura y compañía. Él lleva ese espíritu juguetón a la narrativa, demostrando que se puede hablar de lucha de clases, corrupción, memoria histórica o decolonialismo sin perder la sonrisa.
Su más reciente novela, La intriga del funeral inconveniente, nos sorprende con un nuevo caso del entrañable detective sin nombre al que conocimos por primera vez en El misterio de la cripta embrujada. Este anti-héroe se verá envuelto, una vez más, en un caso que comienza como un incidente menor (la breve crónica de un funeral insignificante en un diario local) y acaba revelando una intrincada red de suplantaciones, engaños y estafas criminales.
"Mendoza escribe con la soltura de quien ha hecho este ejercicio suficientes veces como para saber exactamente qué puede permitirse. Las frases cómicas no son chistes: son observaciones que solo funcionan en ese orden de palabras exacto. La escena del velatorio, que ocupa los dos primeros capítulos, es de lo mejor que ha escrito en años en esta serie."
Ana María Olivares
"En la obra de Mendoza hay un puñado de vigas maestras. Una de ellas es el humor, la utilización de la ironía templada como rasgo de elegancia. Otra es Barcelona, por supuesto. Hay una cierta dimensión civil: hay una política (o casi mejor incorrección política) mendocina."
El País
La novela se mueve en esa mezcla tan reconocible de sátira, absurdo y lucidez moral que ha convertido a Mendoza en un referente europeo del humor literario. El autor insiste en que hacer reír es un trabajo serio, casi artesanal: el chiste y la situación disparatada solo funcionan si el lector acepta desde el principio el juego y mantiene con el narrador un pacto de complicidad similar al que se da en cuentos como Blancanieves o en relatos góticos como Drácula. Si uno no participa en la premisa –que ese funeral cutre pueda desencadenar una conspiración demencial– la historia se desmorona.
La trama comienza en un entierro de tercera, organizado al fondo de un mísero estacionamiento, que servirá de arranque a una cadena de despropósitos que destapan una serie de estafas financieras de alto nivel. El joven Ramoncito Valenzuela, periodista en prácticas, escribe una crónica aparentemente insignificante sobre ese funeral en un diario local y, para su enorme sorpresa, será la razón por la que es despedido de forma fulminante en apenas sus primeros días de trabajo. Así, lo que comienza como una aburrida anécdota de una injusticia laboral, será el detonante de una investigación disparatada. Ramoncito provoca, sin saberlo, una reacción en cadena que envuelve a importantes empresarios, clérigos, delincuentes, travestis, tele operadores y viejos policías reciclados; todos ellos involucrados en una conspiración en la que nadie quiere que la verdad salga a la luz. Lo que empieza como un incidente menor se va enredando hasta revelar una red de suplantaciones, estafas criminales y blanqueo de dinero.
En La intriga del funeral inconveniente, lo que a primera vista parece una simple bufonada policíaca contiene una crítica social nada candorosa. La corrupción financiera de políticos de medio pelo y empresarios aparecen retratados con una ironía que no oculta la dureza de la crítica. Mendoza se burla de los negociantes corruptos que se autoproclaman los últimos románticos en tiempos de fariseísmo y subraya una ancestral tradición española de querer enriquecerse sin trabajar y de esa simpatía por el listillo que se cuela y hace trampas.
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