La edad contra la máquina

Elena Lazic

Mayo, 2026
La sustancia

 


The substance es a la vez una película de medianoche delirantemente entretenida y un grito desgarrador contra los restrictivos estándares de belleza, se trata del segundo largometraje de Coralie Fargeat, gloriosamente sangriento, que combina estilo y contenido en una experiencia cinematográfica que involucra cuerpo y alma. Al final, todos están empapados en sangre. Pero todo comienza en un lugar aparentemente inocuo, con una mujer que cumple 50 años.

 

El título de la provocativa película de terror corporal de Fargeat no solo se refiere a la sustancia verde fluorescente que la desesperada protagonista, interpretada por Demi Moore, se inyecta en las venas en un intento por recuperar su juventud, sino que también es una sinécdoque de todo el proyecto. El título, que refleja la inteligente perspectiva feminista de la película, alude con mordaz ironía a cualidades que suelen ignorarse en las mujeres. En una sociedad que prioriza la apariencia y la juventud por encima de todo, la película de Fargeat, sin concesiones, plantea la pregunta: ¿cuál es la esencia de una mujer?

 

Nacida en Francia, Fargeat aporta una perspectiva ajena a la cultura estadounidense, con un análisis preciso que recuerda al de su colega satírico Paul Verhoeven. Su cortometraje de 2014, Reality+, se ambienta en Francia, pero el París que retrata es una ciudad sometida a los valores y cánones de belleza estadounidenses. La tecnología futurista que da título al corto permite a los usuarios ocultarse tras un avatar atractivo, pero solo hasta que se agota la batería del microchip subcutáneo, momento en el que deben recuperar su apariencia original. El concepto da pie a una historia de Cenicienta moderna, pero las consecuencias de una tecnología similar son mucho más graves para la protagonista de The Substance. Como mujer inmersa en las industrias de la belleza y el entretenimiento, no puede permitirse ser ordinaria.

 

Fargeat se centró por primera vez en las difíciles experiencias de las mujeres en una cultura obsesionada con la belleza en su feroz ópera prima, Revenge (2017). Brutalmente atacada y abandonada a su suerte en un desierto abrasado por el sol por su amante y sus secuaces, la improbable heroína de esta película aprende por las malas que ser convencionalmente atractiva solo ofrece privilegios y protección ilusorios. Fargeat la liberará de su jaula dorada, en un frenesí de acción y sangre, este objeto de deseo se transforma en una vengadora implacable, devolviendo con creces toda la violencia que ha sufrido.

 

Esta película impactante y catárticamente violenta sobre el silenciamiento de las mujeres se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto justo cuando las mujeres comenzaban a usar el hashtag #MeToo en las redes sociales para denunciar la violencia sexual. De este modo, el hecho de que el jefe del estudio se llame Harvey, mismo que despide abruptamente a Elisabeth Sparkle interpretada por Moore, al principio de The Substance, no es una coincidencia. Pero mientras que Revenge se regodea en una fantasía purgativa de retribución, ofreciendo un respiro momentáneo y emocionante de las complejas cuestiones sobre la culpa y el castigo apropiado, The Substance aborda esos temas de frente donde, la venganza contra la misoginia sistémica es más profunda.

 

 

A través de las audaces estrategias conceptuales de la película, el director pone bajo lupa las ideas nocivas de la cultura de la belleza, exagerando sus mecanismos para sacar a la luz lo absurdo. ¿Acaso un ejecutivo de estudio sería tan directo como Harvey, interpretado por Dennis Quaid, sobre la fecha de caducidad de una estrella, y encima se lo diría en la cara a la actriz? Quizás no. Pero suficientes actrices de Hollywood han hablado abiertamente sobre la pérdida de sus trabajos al llegar a la mediana edad como para que sepamos que el razonamiento de Harvey dista mucho de ser excepcional. La reacción de Elisabeth a su despido es igualmente impactante. A pesar de décadas de éxito a sus espaldas y los trofeos que adornan las paredes de su apartamento, deja que las palabras de este hombre grotesco y apenas coherente la afecten sin protestar.

 

The Substance utiliza la fuerza bruta en sus caracterizaciones para revelar, sin tapujos, la violencia que la cultura dominante inflige a las mujeres y que ellas mismas se infligen. Tras inyectarse esa nociva sustancia, Elisabeth se retuerce de agonía en el suelo del baño. En estos momentos desgarradores, Fargeat destroza la idea de que esos procedimientos invasivos, cuando se realizan por motivos tan tóxicos como los de Elisabeth, puedan ser empoderadores.

 

Sin embargo, para Fargeat, la búsqueda de la juventud no solo daña el cuerpo, sino que también supone un desperdicio del recurso más preciado: el tiempo. Actualizando el concepto de Reality+ para dotarlo de una resonancia alegórica aún mayor, La Sustancia muestra a Elisabeth obligada a compartir su tiempo semanalmente con su doble Sue, interpretada por Margaret Qualley. En lugar de disfrutar de esta nueva situación, Elisabeth pronto descubre que el resentimiento la consume a cada instante. Mientras tanto, Sue está tan empeñada en aprovechar al máximo su tiempo que corre el riesgo de echarlo todo a perder. Fargeat advierte que, a cualquier edad, aferrarse a la juventud no solo es una batalla perdida, sino un trágico desperdicio del tiempo que tenemos.

 

La cultura de la belleza, entonces, se nutre de un estado de insatisfacción perpetua. Sue será joven y Elisabeth mayor, pero ambas están motivadas por el disgusto ante lo que no es brillante ni nuevo. La negativa de Sue a volver a ser Elisabeth surge de la misma decepción que lleva a Elisabeth a desmaquillarse con agresividad en la escena más devastadora de la película. Base, pintalabios, rímel: nada es suficiente, y se araña la cara hasta dejarla en carne viva.

 

Las propias experiencias de Demi Moore en Hollywood la convierten en la candidata perfecta para Elisabeth Sparkle. Tanto los tabloides como la prensa cinematográfica respetable no escatimaron esfuerzos a la hora de analizar los cuerpos de las actrices de Hollywood en las décadas de 1980 y 1990. Pero pocas vieron su estrellato tan estrechamente ligado a su apariencia como Moore. Su físico fue objeto de atención de críticos y público mucho antes de que apareciera en topless en Striptease (1996), y mucho después de la aguda reseña de Rolling Stone sobre Los Ángeles de Charlie (2003) donde señala que "Moore, de 40 años, luce estupenda en bikini y ni siquiera intenta actuar". A pesar de ser objeto de tantas burlas y halagos con doble sentido, Moore no tuvo miedo de provocar. Un año después de Striptease, G.I. Jane, de Ridley Scott, protagonizó a Moore como la primera mujer ficticia en someterse al entrenamiento de los SEAL de la Marina de los EE. UU. Con la cabeza rapada y los músculos extremadamente definidos, la estrella exhibió una versión masculinizada de su cuerpo que fue objeto de burlas generalizadas por chocar con las nociones clásicas de feminidad. Y para más escándalos, recordemos la portada de agosto de 1991 de Vanity Fair, que mostraba a Moore embarazada y desnuda con un brazo cubriendo sus pechos, que provocó reacciones públicas igualmente intensas. Nadie se ponía de acuerdo sobre si la fotografía de Annie Leibovitz era una visión empoderadora de la feminidad y la maternidad, o un ejemplo vulgar e inapropiado de objetivación sexual.

 

En el fragor del momento, parecía que, hiciera lo que hiciera Moore, no podía ganar. Se depositaron todo tipo de expectativas en su cuerpo, pero no podía complacer a todos. Sin embargo, tres décadas después, Moore sigue aquí, y esta persistencia puede ser su mayor victoria. Mientras la cultura popular continúa reduciendo el valor de las mujeres a la apariencia juvenil, la longevidad de Moore apunta a una visión más positiva del éxito: una que no se centra en retroceder en el tiempo ni en someterse a los estándares ajenos. Como un reflejo distorsionado de su trayectoria, The Substance nos advierte sobre la alternativa. Llevando las nefastas ideas de la cultura de la belleza contemporánea a su conclusión lógica y explosiva, la sinfonía visceral de Fargeat es el tipo de grito primal cinematográfico que surge solo una vez en la vida. Escuchen su llamado.

 

La sustancia

 

 

La película se puede ver a través de la plataforma MUBI
(https://mubi.com/en/mx/films/the-substance)

Texto recuperado de MUBI
(https://mubi.com/en/program-notes/age-against-the-machine-coralie-fargeat-s-the-substance)
Traducción: El Rizo Robado


 

Entonces... ¿qué te pareció?

Comenta, sugiere, disiente... nos gustará mucho escuchar tu opinión.

Contacto