Ian Hamilton Finlay
"La poética más arriesgada es la que
se parece más al lenguaje común"
Joan Brossa
La poesía experimental puede definirse como aquella que explota recursos extraverbales, sonoros y gráficos en un entorno poético alternativo, aunque sigue la senda de las vanguardias ya lexperimentación con la escritura. La distinción entre experimentalismo y concretismo radica en que el primero integra intervenciones que van más allá de la literalidad del lenguaje en una poética de la experiencia. A partir de ahí, se contempla un tránsito histórico que revela continuidades y rupturas, se identifican líneas de permanencia y guiños significativos y se propone un marco cronológico. El análisis de la función urbanística en la escritura, las exploraciones de la relación entre signo y código, así como el trabajo de la tecnología sobre el poema amplían el panorama un poco más allá del Concretismo.
En tanto que las poéticas del experimentalismo se abordan por medio de la identificación de un repertorio de efectos plásticos y emocionales. Entre las primeras figuran el desplazamiento sintáctico y tipográfico, la fragmentación en capas, el collage, la polisemia y la performatividad. Estas técnicas no sólo originan efectos diversos, sino que apuntan a registrar el acto de lectura como una experiencia compartida y cargada de afecto. Por último, se presentan desafíos y críticas que permiten completar el análisis y notar su posible atisbo. El experimentalismo enfrenta el riesgo de parecer artificioso y elitista, pero opera en un equilibrio entre inventiva, emoción y accesibilidad. Las barreras que erigen una literatura sólo dirigida a especialistas pueden por lo general ser salvar con el apoyo de un mediador.
El Concretismo como tal, surge en el corazón de Brasil durante el período de la Segunda Guerra Mundial y las primeras dictaduras militares de Sudamérica. La experiencia de la palabra visible se constituye como uno de los momentos más significativos de la poesía del siglo XX.
A partir de ahí, surge las poéticas de lo visible y lo sonoro que se sustentan en diversos principios estéticos: el lenguaje como materia, la plástica del lenguaje que conforma el sentido, importancoia de la sonoridad y la carga de la imagen como peso verbal y emocional; todo ello sumido en el ámbito de la experiencia. Lo visible, en este marco, consiste en la representación del mundo a través del propio impulso visual del lenguaje. La relación entre visión y forma no es, por lo tanto, la de un sentido que se asemeja a otro, sino la de una acción que suscita la experiencia visual concreta de lo representado. Al tiempo que la sonoridad permite crear ambientes que sobrepasan el lenguaje a través de la mezcla de la voz, con la música y ruidos provenientes de entornos cotidianos, ya sean urbanos o de la naturaleza.
Todo ello en conjunto con recursos gráficos que permiten concretar ideas, narrativas y emociones que, en un poema convencional requieren una mayor elaboración, aun cuando la economía de la palabra es un principio básico del Concretismo. La espacialización del lenguaje se convierte, por su carácter gráfico, en un recurso específico de este movimiento. La duración gráfica del texto y, en especial, el uso intensivo de la reducción —donde se prescinde de palabras, sustantivos, verbos o imágenes— y de la condensación, ya sea recurriendo a palabras que expresen en una sola un conjunto de elementos o utilizando imágenes que den cuenta del conjunto, crean un efecto de economía verbal, aunque reducida a lo mínimo indispensable, el impacto es igual de contundente o mayor.
Ritmo y silencio se convierten en aspectos fundamentales, ya que el Concretismo concibe la plástica del lenguaje como material. El uso de pausas y silencios visuales responde a la misma búsqueda que el del silencio en la música. Las cadencias, la variación tipográfica —el uso del color, la negrita, la cursiva, el tamaño, el tipo— y los silencios —cesuras, signos de puntuación que separan, signos espacios— producen un impacto sensorial en el lector, no como complemento de la lectura, sino como parte constitutiva. En consecuencia, no importa que el ritmo sea placentero o disonante: lo que se busca son sensaciones, imágenes poéticas, experiencias o una larga evocación.
La evolución hacia el experimentalismo poético, desde el Concretismo hasta la actualidad presenta una serie de continuidades, rupturas y ciertos guiños que se relacionan estrechamente con la interacción entre la palabra y la materia, la escritura como representación del espacio urbano y la influencia de la tecnología.
Intervenciones matéricas, objeto-poema, sustancia del poema, interacción entre palabras y cosas o cuerpo y palabra, todas ellas interrogan la naturaleza de la escritura: ¿se trata de un enunciado o de un objeto? ¿es el artefacto algo explícito o es más bien un poema que no está escrito? ¿es la naturaleza del poema la que se profundiza o es la realidad la que se hace más poética? El experimentalismo tiende hacia el objeto-poema, es decir, a la incorporación de elementos externos al texto o constitutivos de su forma que no sugieren un sentido, una interpretación, sino una experiencia en la que esa relación cruce las fronteras del sentido y haga sentir lo que no se siente. Esta actitud se ha presentado bajo el nombre de poética de la materialidad, presente en la escritura que incorpora también el arte sonoro, ya sea de la propia voz del poeta o del ruido externo como imagen y no como sentido.
Es también particular la inclusión de la tecnología, y específicamente del código, como parte del lenguaje poético, las propuestas algorítmicas, el uso de formatos digitales y la interacción entre textos y las máquinas, son elementos centrales de la poesía experimental contemporánea. Se encuentran, de manera marginal, en el movimiento del Concretismo, y constituyen, hoy, líneas de exploración que se manifiestan en la fusión del arte y la tecnología.
Los poetas contemporáneos han insertado el lenguaje en la cultura digital, haciendo de la técnica no sólo un medio de comunicación, sino una forma de vida, un modo de pensar, un entorno de relaciones. El universo digital alberga no sólo un nuevo soporte de publicación, sino el desafío de un nuevo lenguaje, que apela a una lectura diferente, que se despliega en múltiples dimensiones y que invita a una interacción activa con el lector.
La escritura y la lectura, lejos de ser actos unidimensionales, se convierten en experiencias multicanal que involucran y enriquecen a muchos de los sentidos: vista, oído, tacto. En este sentido, la poesía se enfrenta a un nuevo desafío, el de expresarse y ser leída en una cultura diferente. Una cultura que, además de la interacción, del imperativo de tersura, de la satisfacción del goce estético, requiere que los textos que recibe le revelen su funcionamiento, que la ayuden a desnaturalizar y descifrar el código.
Así pues, más allá de la interrelación entre palabra, imagen y sonido, el rasgo más significativo de la poesía experimental es la disposición de la forma, ya que el espacio del poema se llena, se vacía o se recorre sin la guía de la sintaxis y, en la medida en que la forma participa del contenido, la obra no se puede limitar a una imagen o a un sonido, sino que debe ser vivida como una experiencia.
En la poesía visual, se utiliza de forma consciente y deliberada elementos icónicos, tipográficos, armónicos o plásticos que forman parte de la estructura de la lengua y que no son meras decoraciones de la comunicación verbal, sino que, en un sentido más amplio, enriquecen el poema al introducirlo en un nivel sensorial distinto, en una significación que no se expresa con las palabras. La combinación del lenguaje con la imagen no produce solamente un poema en que hay palabras e imágenes, ni es un resultado de adición, sino que logra una interacción donde la imagen aporta algo distinto y nuevo.
Y no olvidemos la importancia de la performatividad del poema que se refiere al poder del lenguaje en el acto de enunciar. A menudo se piensa que todo discurso tiene una función importante, que está realizando algo. En el caso de la poesía, donde cada palabra tiene un peso específico, esto parece aún más relevante: el poema puede incluso transformar el mundo. Al utilizar esta noción, se hace referencia a un nivel específico del lenguaje: el acto de la enunciación, es decir, lo que todo enunciado está haciendo más allá de su contenido.
La voz del lector no solo actúa como mediadora entre el poema y el oyente, sino que se convierte en un tercer elemento que reconfigura el sentido del texto. Aún así, no se trata de solo el acto de lectura, sino de una performatividad que está presente en el poema mismo. Por eso, el efecto se puede replicar tanto en la lectura oral como en la interpretación mental, cuando se lee en silencio.
Para la Poesía Experimental lo visible y lo sonoro constituyen el ámbito propio del sentido poético que serán a su vez, los disparadores que designan la forma en la que el poema se desarrolla, es el sentido que tiene para los sentidos que lo perciben. Esta propuesta no está libre de riesgos, y una de las críticas más frecuentes que encontramos sobre estas poéticas es la complejidad y, en ocasiones, dificultad para entenderla; sin embargo, hay que partir de un esquema interpretativo más libre y abierto.
La poesía contemporánea, llámese experimental, expandida o multidisciplinar no opera sobre la base de narrativas convencionales, rimas o cadencias, y mucho menos de entendimientos lógicos. Se trata de una poesía que convoca la invención de palabras y sentidos para designar un mundo que ya no es comprensible. Es una invitación a experimentar con el lenguaje y crear nuevas palabras, nuevos sentidos y nuevos significados. Y cada nueva palabra, cada nuevo sentido y significado que brote de la poesía, genera un ser nuevo al objeto, a la acción, al sentimiento, y a la sensación de nuestro mundo cotidiano.
Referencias
Barisone, O. (2013). Vigo y la Expo Internacional Novísima Poesía/69 (CAV-ITDT, 1969) . Posibilidades del concretismo. [PDF]
Gabriela Galindo: Ciudad de México, 1962. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM) y en la Escuela de Diseño y Artesanías (INBA). Es Maestra en Filosofía y es candidata a Doctora en Filosofía, en el área de Estética. Ha trabajado por más de veinte años en el área del diseño editorial impreso y digital. En 1995 fue una de las fundadoras de la Editorial Tule Multimedia, empresa pionera en la edición electrónica y proyectos multimedia. En 2003 recibió una beca para participar en el programa de Residencias Artísticas de la Scuola Internazionale di Grafica di Venezia, donde realizó una especialidad en impresión gráfica y grabado. Fue una de las fundadoras y colaboradora de la revista electrónica sobre artes visuales Réplica21 que se mantuvo en línea por más de 18 años. Actualmente es la fundadora y coordinadora editorial de El Rizo Robado.
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