¿Se puede ser artista conceptual y barroco al mismo tiempo? Sí, sobre todo tratándose de Luis Argudín. Él resuelve la ambigüedad que esta pregunta supone mediante aquel "transitar" que invoca para titular su exposición. La decisión de dedicarla exclusivamente al dibujo (desde gran formato hasta apuntes de libretas) confirma que esta práctica nunca fue accesoria en su producción. Pero no sólo esto. Hoy el artista le otorga una misión confesional, la de correr el velo de sus principales obsesiones: el conocimiento, la muerte y el placer.
El tema de la representación como puesta en escena premeditada, al que Argudín ha consagrado su carrera de teórico y pintor, se ve ahora envuelto en la dimensión íntima de la memoria capaz de desandar, hoja por hoja, un tránsito entero por este mundo. En medio de las Vanitas y los atisbos al Diluvio que le fueron habituales, entre los paisajes de Wirikuta de reciente factura, Argudín siempre ha conferido importancia al retrato de terceros y de sí mismo. Delinear con fruición a sus modelos y volcarse a la introspección han determinado que el autor persiguiera la pulsión erótica en la elaboración plástica concebida como un acto existencial y cachondo. Fue y sigue siendo su proceder, en el aula y en el taller tanto como en la esfera privada.
Pero quizás ahora, con la sabiduría acumulada en el camino, las pérdidas irreparables y los golpes de la vida, le resulte necesario invitarnos a enfrentar con él su propia historia, que por lo demás empareja el compromiso docente ejemplar y un impulso creativo que no ha cejado desde la década de 1970. Como buen maestro de carismática personalidad, Luis Argudín suele dejar una enseñanza autobiográfica en cada una de sus exposiciones. La de "transitar juntos la identidad del artista" revela que en la lucidez y la generosidad no cabe el impudor.
Entonces... ¿qué te pareció?
Comenta, sugiere, disiente... nos gustará mucho escuchar tu opinión.
Contacto