
Acaba de cesar una lluvia que se prolongó por espacio de dos días y una noche.
Creo que finjo un dolor por otro, que oculto y la olvido. Hace años que tenía la sensación de querer estar cerca y siempre que lo intentaba decir me quedé callada. Tal vez diez años de eso. Estuvimos juntas en todo y se marchó tres veces. La primera fue en su amnesia tras el accidente de auto que tuvo y dónde perdió a su gemela. Aunque regresó, a veces inventaba cosas que nunca nos sucedieron, no sé si con alguien más pero no conmigo. Nunca podía contarle nada, parecía que olvidaba, para la escuela y el trabajo era perfecta. Emocionalmente rota. No podía con eso. La segunda vez, se fue sin más a Francia a estudiar el idioma. Creo que tenía más miedo yo que ella, pero tenía que volver a ser un poco ella. Regresó y no quise perderla. Nos veíamos tanto, estábamos juntas todo el tiempo. Me sentía mal cuando otra era su compañía y no la mía, pero nunca dije nada. En cambio sus celos eran muy directos y yo me reía pensando que eran juego.
Por años me dijo que se quería ir de nuevo y cada vez que lo mencionaba quería decirle que no me dejara una vez más. Yo no sabía si podía estar con ella porque me parecía un caos de emociones y no podía retener sus aspiraciones aunque estuviéramos juntas. Sin planear nos fuimos las dos al mismo tiempo, ella a Francia y yo a España. Yo regresé por la pandemia y ella se quedó allá.
Pasaron dos años cuando planeaba volver a España y le dije a ella. Acomodamos el tiempo para vernos en Barcelona, la vería a ella y a mi amigo Oskar, pasaría por un encargo de otro amigo. Estaba todo listo. Nos veríamos y yo solo pensaba en cómo la iba a encontrar y qué haría. Contaba los días, las horas. Ella había mencionado tantas veces querer quedarse en el hotel conmigo, yo tenía miedo, le diría lo que sentía, incluso quería besarla pero estar de nuevo juntas en una habitación… no estaba segura y me sentía presionada.
Su respuesta fue que entonces se quedaría en el departamento de un amigo aunque bueno seguro terminaría acostándose con él por el favor y eso lejos de causarme celos me causaba pena por tener amigos tan mal tipos para cobrar un favor así o ella tan mal para pensar que debía pagar un favor con sexo. En eso éramos diferentes, ella podía estar con cualquiera que le atrajera físicamente, para mi eso no era suficiente, aunque fuera casual algo más debía darme ánimos.
Un día antes llegué a Barcelona y me decidí a caminar muchas horas, estaba ansiosa, por la tarde vi a Oskar quien mantuvo el ritmo hasta la noche. Cenamos y seguimos andando. Ella desde antes del encuentro con él me escribía, hacía la maleta, iba al estación, subía al autobús. Me preguntaba qué hacía aunque luego mencionaba que ya había visto mis fotografías en Instagram, parecía celosa; me cuestionó, sobre haríamos la mañana siguiente, dónde nos veríamos aunque no me decía al final nada fijo. Cuando yo propuse el plan para encontrarnos empezó a rechazarlo y decir que no me acompañaría a recoger el encargo de mi amigo.
Mientras yo había cogido el metro y llegado al hotel, que fue lo que duró sus palabras de celos; me encontré con la misma suerte de la artista Sophie Calle y su amante; un teléfono, un mensaje diciendo que no llegaría después de tanto tiempo de espera. No dije más. Mi silencio fue permanente para ella desde entonces y como Kafka en las cartas a Milena, solo esta es la constancia de aquello. No lloré toda la noche. Tal vez cinco minutos y ni siquiera fue un llanto como lo creería.
Se lo comenté a un par de amigos. Solo uno sabía aquello que sentía por ella. No, nunca lo había aceptado y tal vez hoy tampoco. Hablé poco de esto. Quería huir de Barcelona pero estuve un par de días más. Fui un fastidio para Oskar, me sentía mal y tanta ansiedad del primer día con caminar me había lastimado un pie. A mi regreso a Madrid, Javier en el café una mañana me preguntó sobre a quién sabía vería en Barcelona. Él entendía que era una amiga y nada más. En ese momento en la barra se sentaron dos chicas, eran novias. Se hacían cariños. Mientras Javier esperaba la respuesta le señalé un poco y seguí en silencio. Algo más le habré dicho pero no podía hilar las ideas con aquello ocurriendo a mi lado. Al salir del café, apenas cruzábamos la puerta giratoria y a modo de confesionario le dije a Javier que me habían causado estrés y él me respondió pero ellas sí se querían, eran cariñosas. Claro, por eso me dieron estrés, pensé pero no le respondí. Nos despedimos.
Pero estaba mal, por fin a la distancia me había decidido a decirle todo a ella, había planeado llevarle flores, pero lo sucedido solo me había hecho quedarme muda al respecto. A ella no la extraño, ya se había ido, hacía tanto que no la veía y aunque nos escribíamos, llamábamos, enviamos cartas, postales, regalos de vez en cuando; supe que sus celos fueron reales siempre, me decepcionó de tal manera que no hubiera llegado al encuentro, que no puedo esperar ya nada de nadie.
Hoy sólo escribo en mi propio beneficio, sólo en el afán de hacer algo por mí, sólo para librarme un poco de la impresión que me causó.. Usted también se ha abierto paso a través de la pobreza de este cuento ... ¿Hasta dónde? No lo sé.

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