
Las esculturas de carácter surrealista de Hannah Levy transforman el lenguaje formal del diseño clásico y modernista de muebles del hogar y oficina en formas antropomórficas extraordinarias y atractivas. Utiliza por igual equipos de gimnasio, pasamanos de escaleras, dispositivos médicos y otros elementos funcionales mundanos, generalmente producidos en masa; con estos objetos busca reconstruir sus formas y semejanzas para finalmente transformarlos en cosas singulares e innombrables que encarnan características humanas y emulan distintas personalidades.
Los moldes de productos naturales y consumibles también se incluyen en pieles de silicona cubiertas o estiradas que preservan un sustento sintético implícito. Los marcos tubulares niquelados altamente pulidos de las esculturas de Levy recuerdan el minimalismo impecable de la arquitectura "skin and bones" de Mies van der Rohe, mientras que los apéndices de silicona y látex con apariencia de carne de sus esculturas son más análogos a objetos fetichistas.
Levy creció en Morningside Heights y luego se fue a Cornell. En el verano de 2012, mientras era estudiante, aprendió a soldar en Polich Tallix, una fundición de bellas artes en el norte del estado de Rock Tavern. "Creo que para hacer cosas físicamente, solo se aprende haciéndolas". Luego completó un programa de posgrado en arte en la Städelschule de Frankfurt, Alemania, en 2015.
Cuando regresó a la ciudad, soldaba en un espacio común en Brooklyn, pero también tenía un estudio en el sur del Bronx. A finales de 2018, que también fue un gran año de buenas exposiciones para ella (Düsseldorf, Dublín, Copenhague, Shanghai, Brooklyn, Savannah y Milwaukee), Levy se mudó a su estudio actual. En realidad, fue un proyecto de grupo: ella se hizo cargo de un piso de este edificio con diez amigos, cada uno creando su propio espacio. (Entre sus cohabitantes durante un tiempo estuvo Hugh Hayden).
En su exposición, "Crutch", que cerró el 29 de abril del año pasado en la Galería Casey Kaplan, "había dos piezas que tenían una jaula de vidrio y se basan en un dispositivo llamado elevador Hoyer, destinado a levantar y movilizar a personas que están postradas en la cama". Levy trabajó con un artesano del vidrio para producir ciertos elementos de estas esculturas. Las barras pulidas con piezas de vidrio moldeado que uno encuentra por primera vez al entrar a su espectáculo de Casey Kaplan se instalaron a la altura de las barras de ballet y nuevamente hacen referencia a las barras de apoyo que podrían existir en un baño o en una escalera.
"Creo que algunos diseñadores consideran estos objetos un obstáculo o estorbo a su diseño más que una oportunidad para la creatividad, por lo que fue divertido pensar en ellos como disparadores de ideas creativas".
Will Heinrich reportero del New York Times ya había dicho unos años antes que "… un espárrago rosado de gran tamaño colgando sobre un candelabro niquelado debería ser divertido. Y en la Galería Casey Kaplan podemos ver media docena de ellos, así como varias piezas que también giran en torno al incómodo contraste entre silicona y acero."
Sin decir abiertamente si el trabajo de Levy era de su agrado, sí quedó impresionado por aquellas estructuras parecidas a candelabros hechas con barras de acero curvas que terminan en forma de manos esqueléticas, donde una está cubierta con moldes de pequeñas calabazas; otra, ceñida por una membrana con textura de piel de avestruz, y una tercera con un cojín inflable de juntas rosadas como pequeños pezones, y las tres con suficientes protuberancias como para evocar una vida de exceso sexual.
Para Heinrich nada de esto le resultó del todo divertido, pero tampoco le pareció grotesco y ciertamente nada sexy. Más bien, comenta el reportero, es un tratamiento de la sexualidad tan desapasionado que resulta casi inhumano y es lo que realmente altera la perspectiva. Es como toparse con el laboratorio de una nave de investigación extraterrestre.
Es a través de esta sorprendente discordancia de formas y materiales lo que evoca sentimientos encontrados y revoluciones sensuales que emergen de las obras de Levy, igualmente sobrenormales, atractivas y sensualmente repulsivas.
Nota editorial de El Rizo Robado con fuentes de:
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