
Entre cuerpos esféricos profusamente coloreados, cuerpos flotantes y amalgamas entrevistas de geometrías curvas bajo diversas técnicas, suaves, profundas, destacadas por la manera en que se producen, Ana López-Montes da forma y propone una serie de cuadros en pequeño y mediano formato, de hechura delicada y compleja. Estas obras se sitúan entre el expresionismo abstracto y el geométrico, lo orgánico y lo lírico, emergiendo de su propia síntesis y experiencia plástica del mundo.
Las formas en las que Ana López-Montes resuelve la amalgama de emociones humanas de las cuales se ocupa, construyendo-deconstruyendo lo que les pasa a las personas en un continuo hoy hecho de circunstancias, explora en lo matérico y el color sobre la superficie del papel. La paleta de colores es una expresión de sentimiento, un proceso sensitivo que fusiona y diluye límites. Los colores en las obras de Ana López-Montes se sienten: el azul, el amarillo, el rosa y el negro evocan sensaciones que invitan al espectador a danzar en la quietud de su propio cosmos.
En este proceso, Ana López-Montes se sumerge en lo matérico, decidida a fresar e integrar técnicas, creando una experiencia visual rica en texturas, e, interrogando sus propias experiencias, en toda su complejidad emocional y psíquica, transfigura el sentimiento y el pensamiento en color y figura abstracta. Los colores en sus obras se convierten en una forma de comunicar, no sólo visualmente, sino también sensorialmente lo que se ve, se siente, se percibe. Ana López-Montes explora las posibilidades de la representación de la memoria a través de la percepción cromática, los recuerdos son colores que resurgen en el paisaje del pasado en el presente.
La memoria, en forma de colores y formas, se convierte en un naufragio esperanzador que avanza hacia las costas del presente. Ana López-Montes se enfrenta a lo matérico y lo roto, entreverando zonas frágiles y vulnerables, revelando la propia fragilidad de la persona, situándola en un contundente ahora que se fortifica en la experiencia plástica del mundo. A través de procesos creativos, Ana López-Montes aborda el doloroso recuerdo con resiliencia, transformando lo roto en collage y explorando el efecto óptico a partir de la ilusión de movimiento vibracional en obras bidimensionales.
En este viaje creativo, Ana López-Montes busca transmitir algo que no se narra directamente, algo figurativo en su abstracción. Rasga, rompe y ensambla lo roto, dando forma a una expresión artística que va más allá de la representación visual del dolor, el desconcierto, la confusión. La resiliencia del acto creativo se encuentra en el proceso de absorber lo vivido y transfigurarlo con una intención precisa a través de técnicas puntuales: comunicar sentimientos sin restricciones ni arbitrariedades.
Ante las obras de Ana López-Montes, no interpreto, sino que experimento sentimientos puntuales. Al mismo tiempo, percibo una paz meditativa-activa. En la realización de la obra, el hecho plástico, su suceder continuo-discontinuo, se origina a partir de los efectos del color, que en estas obras toma la forma de cuerpos suspendidos en la superficie de materiales muy particulares en su elección y tratamiento.
El color y el conocimiento sobre el color explora la naturaleza fenomenológica de las propias obras, que van más allá de la apariencia y la realidad, hacia lo invisible y lo tangible. La interacción con el azar es otro factor y la capacidad de entrever revelan un diálogo silencioso entre la obra y el espectador. La festividad del color y sus contrastes policromáticos invitan a un proceso interior, generando una relación de interiorización en el espectador que está invitado a contemplar sin prejuicio, sin intentar interpretar o deducir sino le recuerda que tiene la capacidad de soltarse, soltar la amarras del discurso para, desde la subjetividad, comprender lo que los cuadros dicen.
En última instancia, las obras de Ana López-Montes se presentan como una experiencia contenida y expandida en la memoria del espectador en estado contemplativo. A mí me han llevado a enfatizar su capacidad de, a través de la obra plástica, generar un diálogo entre lo físico, lo visual y lo emocional, explorando las resonancias en la memoria del espectador y proporcionando una oportunidad vital para sobreponerse y asimilarse a sí mismo a través del color y la forma.
Me recuerdan acercamientos microscópicos, como quien pone el acento en lo que está en el interior de los cuerpos, los objetos, las plantas, y los demás animales no humanos. Nos los presenta como una aproximación sensible de un cosmos armónico y un caos paradójicamente ordenado en su luminosidad y sus formas, ya que el mundo del color mantiene vínculos con el universo de los sentimientos.
En este sentido, la pintura de Ana López-Montes se convierte en una activación, un catalizador asociativo presente tanto en sus componentes directos como en aquellos que solo evoca. El concepto policromático se revela como un lenguaje sensorial que forma parte intrínseca de la cultura moderna y posmoderna.
Este lenguaje, gestado por la voluntad artística, trasgrede las barreras temporales y culturales desde su radicalidad subjetivista con una clara y dúctil objetividad. La paleta de colores, como componente esencial de la expresión plástica, se convierte en una forma de comunicación que trasciende las limitaciones del lenguaje hablado y escrito. Los colores, en su asociación con los sentimientos, se convierten en un medio para expresar experiencias compartidas, subjetivas, creando un espacio en el cual todos podemos encontrar resonancia y conexión.
La pintura de Ana López-Montes al participar en este diálogo policromático, pasa de la representación visual a la voluntad de las formas y los colores. Así, la obra se convierte en una experiencia que invita a los espectadores a explorar sus propias memorias y emociones. La pintura actúa como un portal hacia la introspección, donde el espectador puede encontrar resonancias de sus propias experiencias y percepciones en la mezcla de formas y colores propuesta por una artista que tiene, sin lugar a duda, con sensible acierto, su lugar en la escena de la plástica contemporánea.
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