
Yoko Ono es, desde que recuerdo, un personaje controversial. Para los nacidos en la época dorada de los 60 fue como la peor de las maldiciones; casi con certeza, la consideraron como la primera y gran causa responsable de la separación de los Beatles. Pero para otros, fue una de las figuras centrales de las vanguardias del arte del siglo XX; una irreverente hija de Duchamp.
Fue esto, posiblemente, lo que enamoró a John de Yoko, con una pieza, nimia en aquel entonces, un simple NO escrito en el techo, (¿o era un "yes"?) tan pequeño que había que usar una escalera y una lupa para verlo.
Luego, otra pieza, un juego para-dos personas, era un "Yes" (o un "No") representado en una versión más propositiva; un par de filas de dieciséis piezas de ajedrez, todas blancas (todas), sobre una mesa con dos sillas y en una segunda versión el tablero es ampliado al tamaño de la sala. La idea era imaginar qué jefes de Estado, líderes religiosos, capitanes de la industria, superestrellas del pop, familiares y amigos podrían reunirse en la cumbre de una batalla imposible de ganar, pues no había forma de discernir qué piezas pertenecían a qué grupo de poder. La palabra clave era imaginar. De nuevo otra razón por la que John se fascinó con esta mujer que tantos desencuentros provocó.
Se trataba de un arte de lo conceptual, más que de lo retiniano, pero que también puede hacernos ver lo que no hemos visto. Con una palabra que unió a dos (un John y una Yoko; una Yoko y un John) en un mismo imaginario, desbordado y lleno de heroína.
Al principio de su carrera, Ono trabajó en una forma que ahora llamamos, o más bien como ella decía, instructiva; por ejemplo, en 1955 creó una pieza titulada Uno que mostraba una simple instrucción: "Enciende una cerilla y mírala". La pieza constaba solo de la instrucción, no había cerilla, ni objeto alguno, la pieza era simplemente un acto de interpretación.
Cualquier actuación juega con un equilibrio entre el público y el actor, por lo que, en algún nivel, todas las reseñas son performativas y conceptuales: como le dijo el anciano de la tribu al antropólogo estudioso: "Si alguien te cuenta una historia, entonces, puedes imaginarla".
"Considere su propia imaginación mientras describo una pieza, o tal otra", esa era quizá la idea de Yoko. En realidad, da lo mismo, el arte conceptual se trata de palabras y conceptos, después viene lo imaginario. Pensemos en un catálogo que muestra un lienzo en blanco dentro de un marco dorado, en ángulo justo para colocarse en una esquina. Al pedirnos que cambiemos nuestra posición, el ángulo ya no es el mismo, ya no ajusta, pero tampoco necesariamente cambia nuestra vida, ni casi importa, pero cambió la forma en que lo vemos.
Esto puede parecer simple, pero como dijo Thelonious Monk: "Lo simple no siempre es fácil". Ser testigo del arte de Ono tampoco es simple, hay que comprender su intento de liberar el arte comercial de su nexo como mercancía, del dinero en efectivo y de todo deseo, como el famoso cartel de 1969, que anunció "LA GUERRA HA TERMINADO (si lo desea)"; oportuno quizá en aquellos tiempos del fracaso brutal de Vietnam, el hombre en la luna (o eso decían) y del principio de una desconcertante posmodernidad que se avecinaba. Pero lo cierto es que a pesar de la advertencia de que la violencia puede internalizarse y liberarse, resultó un simple deseo. Porque a más de medio siglo nos hemos dado cuenta que la guerra no terminó, y casi con certeza podemos asumir que no terminará nunca; además de suponer que ese cartel libertario y revolucionario se subastó en Christie's o un lugar similar por miles y miles de dólares, que Yoko, sin duda, disfruta hoy desde su Pent House en Manhattan o en su finca en Mallorca, y John, pues nada… está muerto, y ya.
Si el formato de un "libro de arte" concebido como arte conceptual, también es persistentemente escultórico (atrayendo al lector corporalmente con su peso), sea virtual o multimedia (mezclando fotografías e imágenes fijas, subtítulos y texto, además de la vocalización visceral de Ono) y también, mental... dibujamos un mundo nuevo con solo pasar una página o arrastrar el dedo en una pantalla líquida.
Hay nuevamente un eco de Duchamp, quien creó un museo portátil de miniaturas y fotografías de su obra en una maleta. Hoy ya no cargamos maletas, solo teléfonos o tablets, que se han convertido en los nuevos guías de nuestro destino.
La obra conceptualista de Ono suele verse en relación con dos influencias: las formas reduccionistas de la cultura tradicional japonesa y las composiciones vanguardistas del círculo de John Cage. Pero el tono de las primeras piezas instructivas de Ono parecen surgir de otra fuente: el grito angustiado del existencialismo de posguerra. Trabajando en Nueva York, Tokio y más tarde en Londres, Ono integró estas influencias dispares, generando un cuerpo de trabajo de textura y significado únicos.
El lugar más natural para comenzar es con John Cage, cuyas ideas se transmitieron a la vanguardia del centro de la ciudad,en parte a través de su clase de composición experimental impartida en la New School for Social Research desde el otoño de 1956 hasta el verano de 1960.
¡Oh! triste Yoko, en tu sillita de ruedas, añorando ese espíritu revolucionario y las rebeldías de las vanguardias. Hoy ya nada es escándalo, la transgresión es pan de todos los días y nada sorprende a una juventud hastiada y colmada de tedio. Ni tus gritos hacen que se avive la revuelta, ni tus exploraciones de voz hará volver el "Peace and Love".
Are You Looking for me?
Ya no hay paz y ya nadie cree en el amor… eso del amor es cosa de viejitos, escuché decir a una chica, ¿o era un chico?, o debería decir que lo oí en labios de un chique y me parece estúpido, porque esa palabra ni existe. Con horror me doy cuenta de que estoy más cerca de entender a Yoko que a los jóvenes (o jóvenas, o jévenes o como se quieran autodenominar). Quizá caí involuntariamente en el juego del ajedrez blanco pero tengo la impresión de ser más un peón que una reina...
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