La propuesta curatorial de la exposición Atentar desde los códigos, a cargo de Piedad Martínez y Juan Carlos Montes, sugiere un análisis crítico hacia las ideas hegemónicas del patrimonio, separándose de la museografía tradicional y con el objeto de explorar las formas de habitar los espacios sociales desde la imagen, el objeto, la instalación y la palabra.
La muestra se compone de la obra de cuatro artistas que trabajaron en residencia para la conformación de espacios que, si bien cada uno fue creado como propuesta individual, se entrelazan por medio de la representación de problemáticas comunes que abordan los temas de los espacios biológicos y tecnológicos a través de lenguajes codificados.
Esta exposición sugiere una lectura de las imágenes que están formadas por enunciados visuales, símbolos, marcas y contramarcas; y como todo lenguaje, es necesario aprender a codificar y decodificar sus signos y símbolos. Tal como lo sugiere una serie de piezas de Rocío Cerón titulada Un pasado un gesto donde desarrolla un sistema de escritura por medio de símbolos creados a partir de un imaginario visual inventado por ella y que va a utilizar para la creación de un grupo de pendones con textos pintados con tintes naturales que tratan sobre el inminente presente que rasga siempre el futuro.
Así como es posible convertir a los objetos en enunciados, es igualmente posible transformar a las palabras en objetos. En el análisis lingüístico, el lenguaje es considerado como un sistema estructurado de secuencias que pueden ser organizadas de diversas maneras de acuerdo al sentido que se les quiere asignar, y en ese sentido, cada elemento de estas secuencias no tienen un sentido en sí mismo, sino aquel que nosotros le asignamos. Lo mismo sucede con las imágenes visuales, las líneas, puntos y curvas sólo tendrán un significado una vez que las secuenciamos en un orden determinado y les designamos un sentido. Pero a diferencia del lenguaje, que se rige por un orden gramatical convencional, en el arte visual no existen reglas predeterminadas, permitiendo por ello una mayor libertad de representación.
Esta es la libertad que utilizará Cerón para ir más allá de la palabra, utilizando la misma simbología de los pendones crea su Alfabeto Speculari, que consta de esculturas en cerámica que asemejan tablillas talladas con textos codificados, acompañadas de las pequeñas piezas que, cada una, representa una letra de su alfabeto imaginario.
Esto me hace pensar en aquello que Gadamer vio con claridad sobre el problema de la comprensión del arte en su ensayo titulado La actualidad de lo bello, donde plantea que la obra de arte requiere de una explicación porque no siempre transmite incondicionalmente sus mensajes en lo meramente visual. Esta afirmación legitima al arte, más que como medio de expresión de emociones, como una forma de reflexión y expresión del pensamiento. Uno debe aprender –continúa Gadamer– a leer la obra artística sin 'deletrear', ni 'pronunciar' los mensajes visuales, sino de 'ejecutar' permanentemente el movimiento hermenéutico que gobierna la expectativa de sentido.
Rocío encierra un objeto dentro de otro objeto que a su vez lo encierra otro objeto que resultan en vestigios de un futuro milenario. Ya sea como escritura o como el resultado de la recolección de evidencias en recorridos por el parque y expuestos como miradas microscópicas de una naturaleza que se nos está escapando de las manos.
Cerón cierra su espacio con una colección de videopoemas en los que combina imágenes urbanas intervenidas con colores, distorsiones y sobreposiciones, unidas a su propia voz de poeta creando ambientaciones tan provocativas como evocadoras de territorios que exploran el cuerpo desde lo individual, lo social, lo colectivo y lo onírico.
Al recorrer la exposición vamos cayendo en cuenta de que es increíblemente difícil salirnos del lenguaje, sobre todo considerándolo como uno de los parámetros fundamentales del pensamiento y la razón. Así pues, si el pensamiento depende básicamente del lenguaje, sin embargo, el habla en el arte trasciende al dominio de lo puramente lingüístico. La realidad entonces estará formada por estructuras simbólicas que representan ideas concretas ya sean palabras, imágenes, símbolos, números o datos codificados.
Y pensando en codificaciones llegamos a la instalación audiovisual de Iván Abreu quien utiliza la tecnología basada en el complejo comercio de la criptomoneda, para crear una pieza compuesta de pequeñísimos fragmentos de información transmitidos en tiempo real de cientos de personas que acceden a un sitio para comprar esa valiosa moneda digital. La transacción queda grabada y se transfiere a manera de imagen hacia un mapa visual de datos que va cambiando y evolucionando con el tiempo. En esta pieza vemos datos que se convierten en código que se transforma en números binarios, que se transforman a imagen y donde todos, datos, números e imágenes, son al final un solo y mismo ente lingüístico en permanente transformación.
La evolución y el cambio son temas recurrentes en toda la exposición, como en el caso de la obra presentada por Said Dokins que consiste en una colección de bacterias enteropatógenas almacenadas en cajas Petri, mismas que combina e interviene provocando contaminaciones cruzadas que van a evolucionar por sí mismas en cultivos biológicos únicos de acuerdo a las condiciones evolutivas de cada uno.
Gerard Wacjman, escritor y psicoanalista, sostiene que el Arte como tal no existe, lo existe son 'obras de arte'. Es decir que el Arte no puede ser una noción consistente, porque todo el arte se encierra en objetos, cientos y cientos de objetos, siempre disímiles y singulares. De ahí que es la obra como particular la que va a ejercer un efecto o reacción sobre los sujetos. En la obra de Dokins la obra ejerce, además, un efecto sobre sí misma, es una obra viva, infinita, que se transforma gracias a la reacción del objeto con el entorno que observamos en directo o en secuencias animadas en la video proyección de gran formato.
El último y cuarto espacio expositivo es el comisionado a Malitzin Cortés quien aborda el devenir como impermanencia explorado a través del estudio de estructuras arquitectónicas reales que interviene a través de modificaciones imaginarias que sugieren futuros, pensables e impensables. Es la búsqueda de nuevos sentidos para reflexionar, desde lo urbano, en la problemática que entraña la vivienda, la sustentabilidad de las grandes construcciones, el uso razonable y el reciclaje con el objeto de despertar la conciencia sobre la pérdida de los ecosistemas terrestres y acuáticos y su biodiversidad.
Atentar desde los códigos, además de contar con una curaduría bien cuidada y una museografía impecable, nos remite a la reflexión de los múltiples lenguajes que utilizamos de manera cotidiana y que muchas veces pasan desapercibidos. Lenguajes que son el fundamento no sólo de nuestro pensamiento, sino de los modos como estamos conformados dentro de lo humano, de lo social, lo biológico y como individuos.
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