Caminata, geografía y mirada en Borealis, de Rocío Cerón
Caminar por la ciudad con la luz del sol, a media noche, a las tres de la mañana, con lluvia, con nieve falsa cayendo de los edificios del siglo pasado en la calle de Madero, con lámparas amarillas, blancas. Andar por Motolinia a veinte minutos antes de las seis horas y al mismo tiempo, otro día, pasar entre el Palacio de Minería y Munal, por la calle de Tacuba: puede ser una cuasioscuridad de luna o la plenitud de vista con reflectores blancos que iluminan sus fachadas. Andar sin prisa por 5 de mayo, 16 de septiembre, la misma Madero –que increíblemente está vacía– y mirar ocasionalmente la vida nocturna de las ratas que entre bolsas de comida entran y salen de las cloacas, paraíso prohibido para nosotros.
La gente comienza a llenar el centro y todo se cubre de miradas. Antes de la una, aquellas líneas rectas se vuelven intransitables, todo lo abarca la vida y la vida misma se llena. Me gusta caminar. Observar los detalles que hacen un espacio, un árbol caído, un auto abandonado, el vendedor de merengue o morelianas, el triciclo del pan, los ruidos que llegan, los que envuelven, el color. Uno puede embriagarse con la belleza del espacio y en el mismo lugar y tiempo sentir la necesidad de huir de ahí. Colocar la mirada en el piso más alto y descubrir una ciudad distinta, completa.
Esta es la peculiaridad de Rocío Cerón en Borealis, cada apartado es una caminata, el poema nunca permanece estático, camina y conforme camina escribe, como si la tierra fuera el papel o el lienzo, escribe y pinta con letras o hendiduras y encuentra el punto más solitario, el más violento o doloroso y los ubica siempre uno cerca del otro, compartiendo el mismo espacio de la vista.
Collage
Hace algún tiempo visitaba a un médico en cuyo consultorio tenía fotografías superpuestas una de otra que en conjunto lograban un paisaje. El médico, al menos en este caso, es lo menos relevante, lo que en ese entonces me cautivó era la manera en que habían tomado la fotografía, me imaginaba lo complejo que resultaba el sólo posicionar la cámara en un lugar e ir girando poco a poco sin alterar la altura o girar más de lo debido.
Encuentro en ese recuerdo un poco de la poesía de Borealis. Es imposible negar la importancia que tiene el paisaje dentro de la poesía; es en él donde una buena parte de los poetas encuentra elementos esenciales para su quehacer poético: tenemos a Tablada en sus primeras composiciones: Un último sonrojo murió sobre tu frente.../ Caíste sobre el césped; la tarde sucumbía,/ Venus en el brumoso confín aparecía/ y rimando tus ansias sollozaba la fuente. En este fragmento de En el parque, Tablada describe el paisaje y cómo se involucra con lo descrito, no es un lugar estático, tiene acción. Otro más podría ser Huerta:
Te declaramos nuestro odio, magnífica ciudad.
A ti, a tus tristes y vulgarísimos burgueses,
a tus chicas de aire, caramelos y films americanos
a tus juventudes ice cream rellenas de basura,
a tus desenfrenados maricones que devastan
las escuelas, la plaza Garibaldi
la viva y venosa calle de San Juan de Letrán.
Una descripción de la Ciudad de México que enlista, a partir del odio, aquello que habita y a aquellos que vivimos de ella y en ella. El espacio está ahí, nosotros lo habitamos. La ciudad es un lugar estático y activo, se ve devastada por los maricones pero al mismo tiempo es viva y venosa.
En ambos podríamos enlistar a más poetas, recorrer la ciudad con Paz o mirar la decadencia de la modernidad con Pacheco, pero en esencia, aunque distintos, tratan de la misma manera al paisaje: tenga acción o no, sea bello, sublime o tóxico, siempre es el poeta delante de él, mirándolo como una fotografía, como un cuadro colgado en la pared de su casa, como estando en el último piso observando en una sola dirección, deteniendo el tiempo y haciendo de la ciudad una estampa.
Y es esto justo lo que no pasa con Rocío Cerón. Aquí el paisaje se mantiene quieto, pero quien está en movimiento es la voz poética. Se coloca arriba, va del lado, al frente, de cabeza. Ya está en el salón Tropicana sin dejar Londres mientras viaja a las playas de Tailandia, no hay punto que no abarque, busca abarcarlo todo: el espacio ya está ahí, ya existe y llena cualquier vacío, es justamente nuestra vista, nuestro cuerpo, lo que nos impide la completa apreciación:
En esta ciudad hay otra ciudad, cerca, más cerca de lo que se piensa.
Mírala desde las colinas, desde lo alto del reloj inglés de maquinaria
exacta ―cuerpo máquina. Vista sin que nadie acepte que la mira
Pienso en su poesía como en el collage colgado en el consultorio de aquel médico: sólo por medio de la multiplicidad de vistas puedes lograr la apreciación "completa" del espacio; sin embargo, ¿existe intención de tal cosa? O, formulando mejor la pregunta, ¿cree la voz poética que puede abarcarlo todo? Quizá lo intenta, pero sabe que resulta imposible, mas eso no imposibilita el hecho de que su visión abarque más de lo que cualquier otra persona podría, logrando superponer esas imágenes fotográficas, aunque sin lograr un paisaje concreto, como si de un cuadro cubista se tratara, el paisaje es visitado desde diversas perspectivas, se viaja en el tiempo y en el espacio:
Bailamos en la noche del Tropicana mientras todos miraban la luna.
Viajamos hacia las solitarias playas de Tailandia. Bretaña nos era ya
un nombre extraño
Y, al mismo tiempo, como un collage dadaísta, aparecen elementos sin relación alguna entre ellos:
Niebla. Raya oscura, gris Irlanda sobre opacidad celeste. Corona de mirlos
cantando en las sienes. Enredaderas hilan y usurpan
raíces de otras plantas.
No se logra ninguna historia, ningún conflicto, sólo una heterotopía, un paisaje urbano, una ciudad en donde hay otra ciudad, cerca, más cerca de lo que se piensa.
Atlas mundial
Todos los días, antes de bañarme, me doy unos minutos para observar mi rostro. Recorro varias veces el solitario terreno de mi cara, observo cómo de un día a otro ha crecido un poco de barba, la forma que tienen mis cicatrices, cómo los golpes y al acné fueron erosionando mi suelo facial, como si del suelo lunar se tratara y el acné fueran esos cráteres dejados por los asteroides distraídos. Observo mis puntos negros, los poros abiertos, mis párpados y la forma en que cierran, mi nariz; tomo mi nariz y la respingo, la "acomodo" y la recuerdo antes de la operación.
Llego a mis ojos, ese contorno que parece siempre cansado, siempre aburrido, y por más que me empeñe en aparentar algo distinto, mis ojos viven en estado soñador constante. Sigo el contorno de mi rostro, levanto mi cabello y noto su ausencia cada vez más prominente en mi frente, que expande sus desiertos y descubre cicatrices de varicela antes cubiertas por selvas, bosques y mares cabellera.
Me doy cuenta todos los días de que el ejercicio de la cartografía humana es uno de los más solitarios: sólo una persona en soledad es capaz de mirar a detalle cada rumbo distinto en su propio rostro.
No es distinto con el espacio. Se debe recorrer la misma ruta varias veces en la semana, observarla detenidamente, notar que el reloj del andén hoy lleva dos minutos más de retraso, notar el viento que sopla más fuerte y escribe un rumbo distinto, quizá estoy en un río, en el mar, en un velero. Noto la fisura dejada en el suelo por el crecimiento de la raíz de un árbol que detesta la banqueta, la fisura de un hueso por poco roto. Aleteo y parvada de unas aves que nunca habían estado aquí o al menos no en tal cantidad y ahora con su sombra detienen la luz y el volumen de las cosas desaparece.
La repetición constante de ciertas palabras en Borealis, siempre escritas en itálicas, evidencian la observación, la caminata, la construcción del paisaje:
Viento, trazadura, fisura, combustión, parvada, combustión, sudor.
El paisaje se configura y va cambiando de a poco. La voz poética recorre la mirada, camina, construye:
Caricia sobre mano izquierda, mirada que se pierde por ventana
(American bar, hotel Savoy, Londres) /
erupción de flujo piroplástico, lava-lodo-muertos, caldera destruida;
No sabemos de qué habla e intentar interpretar fragmentos como este nos podría llevar a lugares no deseados, sin embargo, lo que se puede hacer es un trabajo solitario, descubrir el paisaje, la geografía del mundo, mirar con detenimiento la luz, las sombras, los eventos, creer el momento y crear la geografía, el manto modificado y la belleza de la pérdida y la creación.
Aerostático-Pisada
La percepción del espacio es distinta según donde nos encontremos. Podemos mirar todo desde alto, desaparecer el contorno y encontrarnos con masas coloridas de campo y ciudad, mirar la trayectoria de un río, como venas, como ramas, y encontrarnos una vez más con la cercanía, mirar todo tan cerca que en la misma piel tengamos un mapa hidrográfico, una ciudad, un volcán a punto de hacer erupción y la construcción de una nueva colonia.
Situar la mirada es la magia de Borealis, la primera parte del poemario te coloca por encima, simplemente observando, cada apartado inicia con un Aerostático, quizá como título, a manera de una hora de junio, de Pellicer, donde el tiempo es el mismo, sólo cambia el espacio, mientras que Rocío Cerón cambia el tiempo y mantiene el espacio, la voz poética no interviene en el lugar que canta, sólo lo observa:
Un minuto cuarenta y siete segundos después, gorriones en vuelo.
Viejas tiras de algodón tintado en negro sobre copas de plumería alba.
Aleteo.
Es sólo en un espacio brevísimo que podemos encontrar la intención de mover la mirada a un nivel horizonte, tocando el piso y quizá interactuando con él. Pisadas funciona igual que Aerostático, enmarca el paisaje y traslada la mirada:
[Fisura. Lo expansivo desde lo nuclear ―capullo. Vuelo y torcedura.
Al término, un golpe y otro. Pisadas. Constelación de huellas sobre,
al interior....]
Esta primera estrofa remite a una parte de la Nota al pie con fondo de cama sonora, colocada al final de la primera parte:
* Nota al pie con fondo de cama sonora (música instrumental):
lo expansivo desde lo nuclear ―capullo. Partículas. Sobre envolvente
fecha desfasada. En la pantalla explota un pequeño planeta: pequeña
flor de gravedad que previene. Partículas. Tan inventivo, tanto, ese punto
de distancia que nos separa.
El poema comienza configurar esa totalidad a partir de la posición de la mirada. Desde luego, la voz poética no intenta abarcarlo todo, sino mirar desde diferentes ángulos, diferentes cosas y todo lo que pasa en un momento, sin embargo, este fragmento, como las imágenes del collage dadaísta, como un cuadro cubista, también se puede superponer, combinar, de tal manera que, quizá con intención, decodifiquemos el mensaje primordial:
Constelación de huellas sobre envolvente fecha desfasada.
En la pantalla explota un pequeño planeta: pequeña flor
de gravedad que previene.Al interior partículas. Tan inventivo, tanto, ese punto de distancia
que nos separa 1
Surge la posibilidad y la probabilidad, ante dos realidades posibles y nosotros sólo podemos abarcar una, se trata de la paradoja del gato de Erwin Schrödinger: las realidades habitan un mismo espacio por un fragmento de tiempo, un –capullo a punto de eclosionar– pero sólo hasta que levantamos la caja podemos saber cuál está pasando, sólo hasta que el capullo eclosione y miremos, ya sea la flor, ya sea la mariposa, su belleza o su estado, su vida o su muerte, si la Fisura o la Nota al pie con fondo de cama sonora.
Tal evento nos lleva a la multiplicidad de la mirada, y es que el mundo sólo se conoce por sí mismo, y cada manera de verlo es distinta a la otra y sólo cuando se expone se pueden encontrar pequeñas partículas en común. Podemos superponer lo fragmentos, combinar algunas partes, imprimirlos en acetatos y colocarlos uno detrás de otro, pero jamás podremos leer los dos al mismo tiempo, un solo individuo es incapaz de mirarlo todo, es sólo una constelación de huellas sobre fecha desfasada, un camino en el firmamento, en la tierra, en el aire, que jamás ocupará el mismo día ni la misma hora ni el mismo espacio.
Aerostático y pisada, dos puntos distintos, multiplicidad de mirada. El punto en la distancia es cualquier cosa, y cualquier cosa en la distancia nos separa siempre del otro, de su mirada y su realidad.
Impenetrabilidad: ningún cuerpo puede ocupar al mismo tiempo el lugar de otro. Resistencia que opone un cuerpo a ser traspasado.
Es descrita así una de las características de la física, nada puede ocupar el lugar de otra cosa, en tanto algo se vacía inmediatamente se llena de algo más. ¿Qué tiene esto de relación con Borealis?
Todo lo hemos estado leyendo es precisamente el deseo de acabar con esa ley, colocar en un mismo espacio aquello que por naturaleza no puede, ser Argos y tener una mirada completa, abarcar el medio en un segundo, completamente.
Sin embargo, otra vez, es sólo el anhelo, pues el mismo lenguaje es lineal, ninguna palabra, sea escrita u oral puede ser enunciada o escrita al mismo tiempo que otra, es el lenguaje mismo un fenómeno físico, sin embargo, hasta no levantar la sábana, hasta no abrir la puerta o revisar debajo de la cama, las posibilidades de que cualquier cosa suceda son infinitas y justo ahí es donde se coloca Borealis, en ese pequeño lapso de tiempo en el que todo funciona como un mismo evento.
Geofractal, lo expansivo desde lo nuclear
Finalmente, podemos mirar resuelta la visión de la poeta con los poemas visuales incluidos en el apartado Cinco partes de una prosecución, donde se muestran fragmentos cartográficos de Islandia sobre fotografías de partes de su cuerpo, siempre en posiciones que permiten mirar los pliegues de la piel, incluyendo personajes que parecen habitar el espacio.
Se trata de ejemplificar todo lo anteriormente dicho de manera gráfica: la inclusión de elementos distintos en un solo espacio. No obstante, podemos observar elementos en común, pues son los pliegues de la piel tratados como un fractal, relación microcosmos – macrocosmos, en donde nosotros somos el reflejo del mundo y es nuestra piel un relieve lleno de ríos, valles y montañas en donde cualquier minúsculo ser podría habitar tan bien como nosotros lo hacemos.
Otra vez, la impenetrabilidad de la materia es puesta a prueba, sin embargo, ahora hay un fundamento: el fractal.
Borealis logra concretar perfectamente la idea: la materia en expansión que surge desde las partículas mismas. Es el objeto en la cuarta dimensión, el paso del tiempo y el espacio en un mismo lugar, ilustración del movimiento; Geografía y cuerpo, fractal, mirada en movimiento, captura fotográfica, soledad y violencia, belleza suspendida en el aire, pisada de fuego, collage de ciudad, de camino, fisura en el tiempo, fisura en el cuerpo, un río o un mar, pliegue en la piel sobre pliegue en la piel, posibilidad sin probabilidad, momento antes de parpadear en que todo, por un momento, se fusiona.
Imágenes (en orden de aparición):
Diego Fernando Vázquez (CDMX, 1993). Egresado de Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Poeta, dibujante y narrador en tiempos libres, fue el tío Larousse por más de dos años. Poemas y cuentos suyos aparecen en Punto de Partida, Revista de la Universidad, La Barraca y De-lirio.
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