Sabor, olor, textura y color son los ingredientes que utiliza en su cocina y en sus telas; entre sus temas favoritos (para pintarlos y cocinarlos) se encuentran la increíble variedad de chiles, ya sean frescos o secos, picosos o suaves, todos siempre brillantes y exquisitos. En una entrevista realizada por la Revista Artes de México, en la que ella ilustró uno de sus números dedicado al Chile Mexicano, nos da luz de la infinita variedad de especies y formas de esta picosa fruta.
Estuve viviendo en el estado de Chiapas durante muchos años y me encantaba ir a los mercados donde descubrí chiles que en la Ciudad de México no se consiguen, vaya, ¡ni siquiera se conocen!, como el chile simojovel, el chile blanco, chile chimborote, chile miraparriba, timpinchile, chile crespo, chile siete caldos (este último se llama así porque es tan picoso, que se dice que un solo chile alcanza para sazonar siete platillos). [1]
Muchos de los óleos y grabados de Marcos pueden remitirnos a aquellos catálogos antiguos de botánica, donde, con exquisita delicadeza, vemos representados pequeños bichos, insectos y arañas, o plantas y frutas, todos perfectamente identificados y catalogados con su nombre común, su nombre indígena o su connotación científica. O bien podría ser que, algunas de sus obras, son el conjunto de ingredientes que decidió pintar, antes de pasar a convertirlos en un delicioso pozole o en una salsa macha.
La variedad de sabores de sus especialidades culinarias, que van desde la comida mexicana, libanesa, hindú y sefaradí es comparable a la amplia gama de colores de sus obras. Con trazos delicados, estos óleos son la representación de Naturalezas Vivas, que emanan un profundo gozo de expresiones coloridas y en donde casi, podemos percibir los aromas y sabores en estos exquisitos paisajes frutales.
Gracias Keña por compartir estas obras en El Rizo Robado.
Gabriela Galindo
2 de septiembre, 2021