Arte vestible

Martín Rentería

Noviembre, 2021

Del aparador al arte vestible

Siempre ha sido mi fascinación experimentar en el arte. A principios de los años noventa, diseñaba aparadores para una tienda de ropa de gala y, con los materiales sobrantes, construía estructuras escultóricas para el cuerpo que fotografiaba. Quienes veían las fotos de mis esculturas quedaban intrigados, fue entonces que comenzaron a invitarme a presentarlas en diversos eventos tipo underground, como era común en esos años.

 

Mi visión del arte vestible fue una fusión de arte objeto, instalación, escultura, pintura, diseño, ensamble y otros recursos que me permitían crear construcciones en consonancia con el cuerpo humano y como extensiones del mismo. A mis herramientas fui sumando más posibilidades, como las de la mecánica, la plomería y la electricidad.

 

En poco tiempo, fui convocado para realizar presentaciones con más producción, con ello llegaron constantes solicitudes de entrevistas para prensa, radio y televisión; entre ellas la de Rock 101, la estación de mayor influencia en la entonces nueva escena alternativa cultural en el centro del país; tras la cual fui invitado a producir un desfile en Rock Stock, conocido como el lugar más 'hip' en el entonces Distrito Federal. Dicho desfile fue un gran éxito, como lo fueron muchos de los otros eventos que realicé en los lugares de más auge en el momento.

 

Grandes marcas transnacionales de productos de consumo me contrataban para sus lanzamientos. Eso me llevó a construir esculturas más sofisticadas que podían incluir lanzallamas, circuitos electrónicos, mecanismos hidráulicos o neumáticos. La creciente demanda ocasionó que, lo que comenzó como un mero juego artístico, se convirtiera en una empresa de espectáculo, lo que hizo que dividiera mi creatividad entre estas producciones y mis presentaciones de performance.

 

Del arte vestible a Eslovaquia

Durante varios años, fui invitado a la Muestra Internacional de Performance del Museo Ex Teresa Arte Actual, el festival más importante de México y América Latina en esos tiempos. En una de sus ediciones conocí al director del Festival Internacional de Performance de Eslovaquia, Rokko Juhasz, al que le regalé varias fotografías de mi arte vestible. Semanas después, con gran sorpresa recibí una llamada de dicho museo, informando de una invitación con todos los gastos cubiertos para que yo me presentará en el TransArt Communication 3: 7th International Festival of Contemporary Arts en Nové Zámky, Eslovaquia. Fue así que, en 1995, comienza mi carrera internacional como artista de performance.

 

Era la primera vez que salía del país. Iba a uno de los festivales más importantes de Europa y del mundo, en el que participaban los más grandes nombres del arte del performance... eso lo descubrí al llegar allá. ¡Jamás lo hubiera imaginado!

 

El trabajo que presenté en Eslovaquia cautivó tanto a los espectadores como a los artistas participantes, quienes, en su mayoría, también eran organizadores de festivales en sus respectivos países, por lo que inmediatamente comencé a recibir sus invitaciones desde ese día y durante varios años. Hubo una muy significativa, en 2001, la del artista Roi Vaara, organizador del EXIT International Festival for Unusual Live Performances, de Helsinki, Finlandia. Hasta ese momento, era el festival de performance más grande que se había organizado en el mundo, con alrededor de 300 artistas de 34 países —al que llamaron el Woodstock del arte del performance—.

 

—You China? —Yes

Posterior a mi presentación en el festival EXIT, en Helsinki, se incrementó el número de invitaciones para asistir a festivales, una de ellas dio un giro contundente a mi vida: la de Chen Jin —un artista chino que no hablaba inglés—, quien se acercó a mí tras mi presentación y me dijo "You China?", a lo que yo respondí "Yes", sin entender a qué se refería. Después de eso, asintió, dio media vuelta, se fue y no volvimos a platicar durante nuestra estancia en Helsinki. Meses después, recibí su invitación para presentarme en el primer festival internacional de performance en la historia de China: el OPEN International Performance Art Festival.

 

En todo el mundo, cuando un artista recibe una invitación para presentar su trabajo en el extranjero, las instituciones culturales de su país lo apoyan con gastos de transportación y viáticos, como retribución y reconocimiento a su esfuerzo —además de que ello fortalece el derecho fundamental a la cultura—. Generalmente, los gobiernos apoyan con entusiasmo estás solicitudes, pues tienen claro que dicho artista es un embajador cultural. Sin embargo, me fue negado el apoyo.

 

Durante los siguientes tres años, continúe recibiendo invitaciones para presentarme en cada una de las ediciones del festival OPEN en curso. En todos los casos solicité apoyo a las autoridades de diversas instituciones culturales de México y estás seguían sin mostrar interés.

 

Llegó la invitación al 6th OPEN International Performance Art Festival y, correspondiendo al evidente interés expresado por ellos para mi participación, solicité apoyo nuevamente a mi país. Está vez, la Secretaría de Relaciones Exteriores fue la que me lo otorgó.

 

En 2005, volé a la ciudad de Chengdu, en la provincia de Sichuan, en China. Mi participación en el festival fue muy bien recibida y varias veces tuve la oportunidad de convivir y conversar con Chen Jin, el director del festival, con el que intercambié ideas y le platiqué sobre mis experiencias y visión del performance internacional, afortunadamente, esta vez con un traductor de por medio.

 

Durante toda mi estancia en Chengdu tuve la sensación de que algo excepcional estaba por ocurrirme, pero sólo sentía una especie de ansiedad, sin poder descifrar qué era. Lo que me sucedió al finalizar el festival fue insólito... nunca en la vida lo hubiera sospechado...

 

¡Sorpresa!

El día programado para mi vuelo de regreso a México, después del festival OPEN, tenía la instrucción de que me recogerían para llevarme al aeropuerto, esperé mucho y nadie pasó por mí. Entré en crisis cuando me di cuenta que ya me había quedado atorado a otro lado del mundo.

 

En cuanto llegó el director del festival le pregunté si sabía qué había impedido que me llevaran al aeropuerto. Él, muy tranquilo, me dijo que no me preocupara, que todo estaba bien y que yo iba a estar bien, que ya tenía trabajo, comida, sueldo y dónde vivir. Agregó: "Vamos a hacer muchas cosas increíbles aquí. ¡Eres el nuevo curador del festival y el cocurador del centro de artes OPEN Realization Contemporary Art Center!" Y bajo el impacto de esta inesperada y compleja situación no podía pensar claramente, necesite varios días para reflexionar las implicaciones de aceptar esta 'proclamación'... Finalmente, me di cuenta que tenía la libertad de quedarme en China, ya que, años atrás, había cerrado mi empresa de espectáculos de arte vestible con el fin de cumplir con las invitaciones de presentaciones en el extranjero. Nada me ataba a México y entendí que el destino me puso a la puerta de una aventura inolvidable que no podía dejar pasar.

 

Fue así que, a partir de 2005, me quedé a residir en Beijing y, a la par de mis responsabilidades con OPEN, atendía las invitaciones que me llegaban de museos y festivales. Me convertí en el primer artista mexicano de performance viviendo en el Distrito Artístico 798 —la zona de arte contemporáneo más grande del mundo— y también fui el primer mexicano en convivir y colaborar con la comunidad de artistas contemporáneos chinos y el primer curador en invitar a artistas mexicanos al festival y al centro de artes de OPEN. Esto lo supe porque me lo dijo el agregado cultural de la embajada de México en China, Edgardo Bermejo Mora, quien goza de un vasto conocimiento del arte contemporáneo chino y sus ejecutantes. Recuerdo que también  mencionó, en varias ocasiones, que el apoyo que me dio la Secretaría de Relaciones Exteriores fue una de sus mejores inversiones, ya que tan solo con mi boleto se había logrado promover a muchos talentos artísticos de México durante varios años.

 

Curador del festival de performance más grande del mundo

En 2009, el festival OPEN cumplía 10 años de su fundación sobreviviendo a censuras, persecuciones, arrestos y demás represiones, porque las autoridades chinas consideraban el performance como un acto subversivo en contra de la política del gobierno. Reflexionando sobre esto y sobre las olimpiadas —recién llevadas a cabo en la ciudad de Beijing—, propuse al director organizar el festival de performance más grande del mundo, como un tributo a la supervivencia de la resistencia y a la libertad de expresión que este festival estaba representando.

 

Es así como surge el 10th OPEN International Performance Art Festival que duro ocho semanas, con la participación de más de 400 artistas de aproximadamente 80 países; del cual fui curador general y coorganizador con la participación de siete curadores internacionales invitados. Contó con el apoyo de una gran parte de la comunidad artística china y de diversas embajadas, especialmente la de México. Tuvo su sede en las instalaciones del centro de artes de OPEN y en las calles y plazas aledañas a la galería, todo dentro del Distrito Artístico 798. El embajador de México en China, Jorge Eugenio Guajardo González, inauguró el programa de la octava semana, que fue dedicado a la participación de artistas mexicanos.

 

A finales de 2009, debido a la gentrificación provocada por las olimpiadas, hubo que abandonar el centro de artes OPEN. La comunidad artística se tuvo que mover a un lugar llamado Songzhuang, muy retirado, en las afueras de Beijing, por presiones del gobierno. Fue en ese momento que tomé la decisión de regresar a México.

 

Transmuted: un festival de primer nivel en mi país

En 2010, ya de regreso en México, tenía muy clara la importancia del intercambio y cooperación cultural internacional. Inspirado por el enorme conocimiento y experiencia que había adquirido en China, fundo la organización TRANSMUTED International Performance Art Network, con el fin de realizar negociaciones de cooperación e intercambio entre México y diversos países para apoyar el arte del performance. Esta organización también sería la plataforma para organizar un festival que pudiera traer a los más exponentes de esta actividad en el mundo.

 

Meses después, la primera edición del TRANSMUTED International Performance Art Festival se llevó a cabo en el Centro de las Artes de San Luis Potosí. Participaron más de veinte artistas de renombre nacional e internacional que hicieron de esta una extraordinaria experiencia para el público asistente. Fue muy gratificante el éxito del evento, se había hecho realidad el proyecto de un festival de performance de primer nivel en mi país que, de alguna manera, podría llenar el vacío que había dejado la ausencia de la Muestra Internacional de Performance del Museo Ex Teresa Arte Actual. Ese fue el comienzo de una nueva aventura.

 

Durante 2011, dividí la siguiente edición del festival en cinco bloques bimestrales con la intención de darle la oportunidad a los espectadores de ver, lo más de seguido posible, artistas y presentaciones de performance de primerísimo nivel internacional. Cuatro de los bloques de este festival se llevaron a cabo en el Museo Ex Teresa Arte Actual y uno en la explanada del Museo del Cárcamo de Dolores, en Chapultepec en Ciudad de México. A lo largo del año, se presentaron grandes personalidades, tanto de Asia como de Europa, de Norteamérica y, por supuesto, de México. Muchos de ellos era la primera vez que estaban en nuestro país.


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