Un acercamiento al neomexicanismo

Carlos Jaurena

Noviembre, 2021

Nací en la ciudad de México en 1964 así que para el año de 1970 tenía yo seis años de edad, como miembro de una familia católica mexicana de clase media me toco vivir una serie de costumbres y tradiciones que para muchas personas les serán conocidas. A unas cuadras de mi casa se vivió la inauguración del mundial de futbol México 70, obvio decir que como niño me tocó jugar con saldaditos y luchadores de plástico, canicas, trompos, yoyos, la lotería y un largo etcétera. En la feria me gane una alcancía con la forma de un luchador, el pan dulce no faltaba en nuestra mesa, banderas mexicanas explotaban vistosas en septiembre, las ofrendas de día de muertos saltaban a la vista a finales de octubre, en fotografías antiguas conocíamos a tíos, abuelos y otros familiares ya fallecidos, los niños hacíamos calaveras con cajas de zapatos para pedir "calaverita",  los nacimientos y reyes magos aparecían en diciembre, canciones infantiles y cuentos se decían en voz alta, los programas de televisión, los combates de box así como las películas de la época dorada del cine mexicano nos entretenían y de cierta forma nos daban identidad. En la escuela cantábamos el himno nacional todos los lunes, nuestro uniforme era obligatorio, los libros de texto gratuitos estaban ilustrados por artistas mexicanos que aún seguían la línea de la escuela mexicana de pintura, inolvidable la portada de todos los libros con la obra de Jorge González Camarena. Bailables folclóricos para festejar a las madres el 10 de mayo. Mi mochila de cuero sobrevivió muchos años de usos y maltratos. En las clases de historia de México nos enseñaban la grandeza de los pueblos prehispánicos, así como la conquista española y la influencia que por trecientos años, ellos ejercieron en estas tierras, la independencia y la revolución también nos fueron mostradas. En fiestas de cumpleaños y otros aniversarios nuestros familiares mayores bailaban, fumaban y tomaban alcohol. Pasteles, bocadillos, tacos, tortas, flautas, pambazos y muchos antojitos más nos dieron  felicidad.

 

Un par de décadas después, ya convertido en artista, y sin pensarlo mucho, mi producción plástica se fue catalogando como Neomexicanista. Y siempre habrá personas que se pregunten ¿que es el neomexicanismo? Mi respuesta es el texto anterior.

 

Carlos Jaurena.
Ciudad de México, noviembre de 2021.