El auténtico detector de mentiras

Alejandra Romano

Febrero, 2026

Olga Orozco

 

 

En 1989, Paul Ekman, psicólogo de la Universidad de California, fue visitado por una delegación de funcionarios de la industria cinematográfica. La relación entre el cine y la ciencia otorgaba a Ekman y sus investigaciones la capacidad de sorprender a ese selecto grupo que deseaba desarrollar una película sobre el engaño. Años después, el guion de esa película se transformó en una serie llamada Lie to Me, una suma de argumentos de la atracción de una serie de tipo policiaco y de la teoría del engaño.


La propuesta de Paul Ekman trata sobre la existencia de un número limitado de emociones humanas básicas, cada una con un patrón facial distintivo presente en todas las culturas, plantea cuestiones teóricas y prácticas bastante convincentes. Estas emociones pueden ser clasificadas como primarias o secundarias, y su reconocimiento facilita la interpretación de las expresiones faciales en situaciones sociales.


Enfado, miedo, tristeza, alegría, sorpresa y asco son las emociones que recono0ce como primarias que se manifiestan en expresiones que son comunes en todos los seres humanos al tiempo que provocan movimientos involuntarios en determinados músculos de la cara; por ejemplo, el enfado se indica mediante el fruncimiento del ceño y la dilatación de las fosas nasales, y la alegría por una elevación de las comisuras de los labios, el cierre de los ojos y la formación de arrugas en su esquina externa. Estas configuraciones han sido agrupadas para definir vectores faciales de cada emoción y son reconocibles e identificables.


Esto lo llevó a la creación de mapas faciales de señales universales que los identifica como microexpresiones, donde cada uno sugiere que ciertas señales son más prominentes en algunos estados de ánimo y emociones que en otros, tienen una duración que varía entre milisegundos y pocos segundos, y poseen una intensidad y presencia variables de acuerdo a la situación.

 

El análisis de las emociones no se restringe a casos de alto interés, como negociaciones complejas o interrogatorios a criminales. En el día a día, las personas generan constantemente opiniones sobre la veracidad de las afirmaciones ajenas, ya sea en conversaciones informales o en momentos de formalidad, como las entrevistas laborales. Ekman sostiene que, aunque la detección de engaños sea poco certera, en situaciones de conflicto, el control de la expresión puede servir como una forma de resistencia.


Lie to Me fue estrenada en el 2009, aunque con gran éxito al inicio, para la segunda temporada comenzó a decaer, siendo la tercera, la última temporada en el aire. Integra en el guion los conceptos propuestos por Ekman, pero dramatizados y acomodados a los requisitos de una serie de ficción, donde un equipo formado por diversos especialistas capaces de detectar mentiras y analizar el comportamiento de las personas mediante la interpretación de los gestos producidos por los múltiples músculos de la cara. Liderados por el Dr. Cal Lightman (Tim Roth) son contratados por diversas entidades gubernamentales como el FBI, la policía, o empresas y particulares, para estudiar las expresiones y gestos con el objeto de reconocer si las personas involucradas mienten o dicen la verdad.


En cada episodio, las técnicas de detección del engaño resultan verosímiles, pero se muestran sintetizadas, y en muchos casos caricaturizadas o inadecuadamente contextualizadas. El uso de herramientas de Ekman como guía narrativa, le dio a la serie un carácter muy original que no pasó desapercibido.


La obra de Paul Ekman y su hipótesis sobre la veracidad de la mirada y expresiones en el ser humano han dado pie a un sinfín de rumores, leyendas y la serie Lie to Me es un claro ejemplo de este fenómeno; los personajes y sus interacciones se convierten en un campo donde la mirada, los gestos, las expresiones y los movimientos corporales pasan por idéntica lupa que los distintos tipos de mentiras. Pero no solo eso; la teoría logra transferirse prácticamente sin alteraciones al guion, la información es abundante y, a lo largo de la serie, las llamadas emociones básicas y universales se convierten en los pilares fundamentales para desenmascarar cualquier engaño. Sin embargo, la obra de Ekman no solo sirve de base para el relato; su técnica y las ideas que de ella se derivan han cambiado la forma en que muchos observadores afrontan la lectura de las emociones ajenas.


A esta transferencia de la teoría a la narrativa se le unen otros aspectos como la presentación de las distintas emociones a través de personajes que se muestran más o menos expertos en la lectura de las señales emocionales del otro. En este sentido, el interés por la serie no radica solo en su comparación con la investigación de Ekman, sino también en cómo el propio Ekman crea o ayuda a crear esta ficción y cómo después influye en el público que la recibe. La serie se convierte así en un modelo que toma prestada una teoría y adapta las teorías psicológicas a las necesidades de un guion narrativo, sostenido por la espectacularidad de las escenas, la atención mediática o el propio formato televisivo.


Si bien la serie tiene momentos bastante logrados, en gran parte por la actuación siempre genial de Tim Roth, sostener que las microexpresiones son una herramienta infalible para identificar a los mentirosos fue quizá parte de su propio aniquilamiento. Ekman sostiene que el reconocimiento de la emoción ajena puede ofrecer pistas que, aunque no se relacionen directamente con la mentira, son relevantes para la mejor comprensión social e individual.


Sin olvidar el riesgo de se pueden una mala lectura o una sobreinterpretación de las emociones expresadas. Aunque universales, también hay un nivel de individualidad que no debe dejarse de lado, lo cual podría conducir a la confusión entre una expresión de desagrado, miedo o repulsión. La falibilidad recae en el proceso de gestos engañosos, que ofrecen señales contradictorias; suponer que alguien miente porque miró hacia un extremo, o mostró nerviosismo, es tan cuestionable como un polígrafo.


Por lo tanto, al observar el engaño se debe tener presente que son sólo señales, que el contexto puede estar distorsionando la lectura, que la interpretación puede ser errónea e incluso que esa persona puede estar fingiendo no sentir lo que dice, de serlo, se debe aceptar. La mayor habilidad de Ekman como observador del rostro de la gente reside en la acumulación de información en múltiples contextos. Mientras que la narrativa de Lie to Me, aunque se vuelve excesiva en su superficialidad a medida que el guion avanza, utiliza la mirada del experto como modelo, confiriendo a la obra seriedad y credibilidad.

 

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