Salido*

Eduardo Milán

por Eduardo Milán

Septiembre, 2020


aprovechando el carro de la verdad que pasa por enfrente
esta crisis permanente marea
casi cosa de dioses salvo que la eternidad prometida falló
no es estable esta mesa, esta meseta
-rara vez el carro de la verdad pasa por Suchil
la mayoría de las veces corta Árbol de Fuego en Colorines-
México había trabajado en eso, su estética de Estado
protegía, visto desde afuera
fuegos fraternos con festividades de altura, falló
visto desde adentro
carro de la verdad sugiere ruedas de madera, caballo
un tipo parado que recoge desechos, lámparas
barquero que va silencioso sobre esas aguas que uno sabe
hilachas que uno sabe de donde, chas, cae sin más
de ahí, de donde la verdad es un desecho recogido
carro de la verdad con un tipo parado de barquero

 

**

 

el cansancio de la vida avanza a grandes trancos
ahí van por encima esas bandadas
al norte, al sur, al Ártico
ni así fuera de alcance de lo dicho
cansancio, el de la vida
herida, la de los pies
mira, si no, esa cantidad de sirios
el tiempo, la tierra, casi lo mismo
él, que se termina midiendo
mientras que la tierra, la tierra
se termina diciendo a sí misma
sobre aves por encima
las palabras llegan más allá de la mirada
ninguna toca el fin
el sirio en manos de la alemana ahora buena
la de hace unos minutos, la del ajuste griego
-someterse es humano, liberarse es humano-
uno viene de una extinción de dinosaurios
hasta que arriba acá, la orilla de la sombra
el zanate pica el grano de un modo que estremece
adentro recalienta una tierra que se estría
-la diferencia entre uno y otro está, la diferencia
entre uno y otro está, la diferencia entre uno
y otro está en lo que se llama calidad humana 

 

**

 

el poema liberado de su poder de dar al poeta
seguridad de su ser lenguaje poético, amparo
si no, no fue nada lo que fue
se viene la conservación y la reconstrucción de lo destruido
mundo es una cosa, arte otra
realidad por un lado, poema por otro
de los humanos poeta y no poeta depende rescatar lo rescatable
lo que quede de la devastación
son capaces de culpar a Trilce de la obra depredadora del capital
Trilce, no muy bien la obra
depredadora: acabar con la naturaleza natural y, esa,
la naturaleza humana y, luego,
intermitentes saltamontes, palmas con invisible memoria
adjetivos puestos antes de sustantivos, torretas antes de la frontera
frontera, aquí, quiere decir frontera
quiere decir que te paran, te impiden que cruces
la arena sigue borrando los entierros del desierto
unos perros-hombre, unos hombres-perro
suena mal la fricativa aliterando en el viento
quiere decir el free-cautivo en que te vas a convertir del otro lado del borde
límite será cosa de Europa, tal vez lugar del padre

 

**

 

escucho un rap de Eminem mientras otro muere ahí
o duerme tapado con cartones bajo el puente
donde espero el camión que lleva a Ale
al Lancaster que termina en julio-agosto
se hizo muy difícil la vida en este mundo
las cosas derivadas del petróleo extraído
todas estas piedras están atravesadas
no hay tierra que aguante sin petróleo en su lugar
ni agua sin volverse pétrea, ósea, fósil
una metamorfosis sin mito degradada, llaga
vean, si no, toda esa tierra en carne viva
ganso vuelto cisne sin salir nunca del lago
mientras una clase alta humana de las manos
vestida así de blanco a ver si frena la violencia
a ese tipo o tipa ya lo vi ahí otra vez  
pasan pocos a las seis de la mañana a su costado
no amanece, parece una hora congelada
el otro entró con fuerza en el sueño a medianoche
bajo el puente, no sé
el otoño entró con fuerza de tormenta este setiembre
mientras allá, no en París, la primavera
primavera en todo no París
polen por el aire donde no hay París
mujeres perseguidas por el polen detrás
me sale al quite la cultura uruguaya, Jorge
Medina, me trae un yo, me dice al oído dónde estás
hay un no saber bajo el puente en madrugada
un Martínez, Rocha, Pérez muere o duerme ahí

 

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* Segunda entrega de poemas que forman parte del libro "Salido", muy próximo a publicarse por la editorial Mantarraya, México.

Sobre el Autor

Eduardo Félix Milán nació en Rivera, Uruguay, en 1952. En 1979 emigró a México por cuestiones políticas, ya que la dictadura militar había encarcelado a su padre, y reside desde ese entonces en dicho país. Colaboró en varios medios gráficos, entre ellos la revista Vuelta, dirigida por Octavio Paz, donde fue columnista regular entre 1987 y 1992. Ha publicado los libros de poesía: Estación, estaciones (Banda oriental, Montevideo, 1975), Esto es (1978), Nervadura (Ediciones del Mall, Barcelona, 1985), Cuatro poemas (Torre de las palomas, 1990), Errar (El Tucán de Virginia, México, 1993), La vida mantis (El Tucán de Virginia, México, 1993), Nivel medio verdadero de las aguas que se besan (Ave del paraíso, Madrid, 1994), Algo bello que nosotros conservamos (Vitoria, México, 1995), Circa 1994 (Práctica mortal, México, 1996), Son de mi padre (Ediciones Arlequín, México, 1996), Alegrial (Ave del paraíso, Madrid, 1997), Razón de amor y acto de fe (Visor, Madrid, 2001), Querencia, gracia y otros poemas (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2003), Acción que en un momento creí gracia (Igitur, Tarragona, 2005).
Fuente: escritores.org

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