Kate Tempest

por Alejandra Romano

2 de junio, 2020

Descubrí a Kate Tempest por alguna de esas ligas que alguien subió en la red, razón por la cual sigo entrando a esos espacios, muchas veces terroríficos, como el Facebook o Instagram, Twitter o el-que-esté-de-moda... porque gracias a mi escrutinada lista de amigos, siempre encuentro algo digno de atención.

 

A pesar de mi resistencia a la música electrónica, esta poeta me cautivó de inmediato. Tanto en sus presentaciones en vivo, donde solo está ella y una tecladista, y parece improvisar todo porque no hay un papel o texto que la guíe, así como sus videos armados con increíbles animaciones e imágenes; en cualquiera de los casos, su voz y su ritmo sonoro te va envolviendo en una especie de mantra de rebelión, esperanza, sátira y transgresión de un mundo, que es en el que hoy vivimos. Es la voz potente de lo que estamos viviendo los adultos jóvenes en esta actualidad que está echa pedazos.

 

Tempest, la menor de cinco hermanos, nació en Brockley, un suburbio empobrecido al sureste de Londres en 1985. Desde los 14 años comienza con actuaciones de improvisación y de ahí se lanza incansablemente en la producción poética y musical; actualmente, a sus treintaypopocos años, ya tiene publicados más de cinco colecciones de poemas, tres obras de teatro, una novela y tres discos. En 2013 ganó el premio Ted Hughes por su innovación en poesía, siendo la más joven poeta en recibir tan presitigiado galardón.

 

Hay algo de rabia en sus textos, en sus cadencias y sus ritmos, es una chica que habla sin tapujos sobre la violencia, la sexualidad y las condiciones empobrecidas de la gran mayoría. Inspirada en autores como Auden, Wu-Tang Clan y Virginia Woolf, en su tercer poemario, publicado en 2014 y titulado Hold Your Own, habla sobre sus experiencias, expectativas y, sobre todo, de su lucha interna en la constitución de su propia voz e identidad sexual.

Esta joven poeta sabe que las revoluciones son cosa del pasado, que no sirven o se distorsionan al punto de acabar reproduciendo aquello que se deseaba cambiar.


Instalada en un anarquismo sano y pacífico, sugiere que los cambios deben producirse en las personas y no en los gobiernos, porque estos últimos no cambian, y si lo hacen, nunca será para resolver los verdaderos problemas.

 

Europe is lost, America lost, London lost
Still we are clamouring victory
All that is meaningless rules
We have learned nothing from history [1]

Tempest es la voz de esta generación que nació cuando Orwell era ya una reliquia y el Big Brother no sólo era un terrible imaginario sino una presencia tan cotidiana, al punto de haberse convertido en un espectáculo televisivo; una generación que desde que nació, sabía que El Mundo Feliz, era sólo el engaño para esconder nuestra profunda infelicidad.

 

Muchas veces me he preguntado qué pasará con esta generación que llegó al mundo cuando todas las utopías se habían caído, cuando las revoluciones ya no eran la salida, cuando fracasaron todos los intentos socialistas para procurar un mundo mejor. Kate Tempest lo dice, lo canta y nos confronta con ello, se cayeron unos muros, pero se construyeron unos nuevos, con nuevas tecnologías, más altos y más resistentes.

 

No hay respuestas, no habrá respuestas: lo que hay son voces, imaginarios y experiencias.

 

Tempest es la voz del personaje sumido en el Black Mirror, en un mundo Dark que viaja por el tiempo tratando de componer lo que hicimos mal; es la voz del fin del mundo y el principio de todo.  Son las mujeres, o los negros, o los indios, todos cansados de reclamar el derecho a la vida. Somos todos pidiendo un respiro en un mundo que se nos viene abajo y que nos aplasta. Pero, a pesar de todo, hay un canto a la vida, hay un resquicio de esperanza de que esto puede ser mejor, debe cambiar y cambiará.

 

¡Viva Kate Tempest!

 

[1] Europa está perdida / América está perdida / Londres está perdido, / aun así clamamos victoria / Todo son reglas sin sentido / No hemos aprendido nada de la historia.



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